miércoles, septiembre 17, 2014

DESBOCADOS

También el gesto de salir a la calle, en este primer día de lluvias otoñales, sin paraguas ni impermeable tiene algo de resistencia inútil, o de vano intento de negarse a ver la realidad. La vida está llena de estos gestos absurdos. Hoy sólo me ha costado una camiseta mojada, como ésas que llevan las chicas lozanas pegadas a los pechos en los concursos que organizan en las discotecas. Podría haber sido peor: un catarro, quizá. Es lo que tienen estos derroches meramente gestuales: dejan siempre en el ánimo una insinuación de fiebre.

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Cuándo inventarán una grabadora de pensamientos desbocados, que deje constancia de que ni siquiera en los insomnios somos tan brillantes como creemos.

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Por afortunados que sean, los tres primeros versos de un poema no aseguran nada; los tres últimos, tampoco. 

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