jueves, septiembre 11, 2014

DETALLES


Cada vez que oigo, como mérito de una novela nueva, que da gran protagonismo al Facebook, al whatsapp y a otros cachivaches modernos, saco la pistola... Y no porque me parezca mal que la realidad se manifieste de ese modo en las novelas que se escriben hoy, sino porque ese hecho -la observación directa de la realidad, y el uso selectivo de ésta para fortalecer las pretensiones de verosimilitud de la novela- no debía merecer el menor comentario; a no ser que tanto el autor como quienes lo jalean estén menos interesados en las novelas propiamente dichas que... en las novelerías.


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Más sobre el Libro de los pasajes de Benjamin: la insistencia en que las reformas urbanísticas que Haussman llevó a cabo en París durante el Segundo Imperio tenían como objetivo principal favorecer las maniobras del ejército -y, especialmente, de la artillería- para reprimir las revueltas populares; y que el efecto colateral más evidente de las mismas no fue otro que el enriquecimiento ilegítimo de todos los propietarios que consiguieron obtener indemnizaciones desmesuradas por la expropiación de sus casas o locales, lo que dio lugar incluso a una próspera industria del fraude, destinada a hacer creer al fisco -a veces, utilizando incluso figurantes- que esos locales albergaban prósperos negocios de cuya pérdida había que resarcir al dueño. Nada ha cambiado desde entonces: la lectura de estas triquiñuelas del capitalismo de ayer no hace otra cosa que arrojar luz sobre las no mucho más sofisticadas trampas y amenazas sobre las que se edifica el de hoy. Y es curioso que, el mismo día en el que leo estas páginas, los periódicos incluyan dos noticias que podrían haber dado lugar a sendos apuntes de Benjamin. La primera hace referencia al hecho escandaloso de que el número de multimillonarios se ha doblado en España durante los últimos cinco años, es decir, en los años peores de la crisis económica que ha depauperado a la mayor parte de la población. Y la segunda, ya en el terreno de las fantasmagorías constructivas que tanto apasionaban al filósofo: la que da cuenta de la paralización de las obras del llamado "segundo puente" sobre la bahía de Cádiz; cuya necesidad, no hay que olvidarlo, se justificó en su día con el argumento de que el otro puente existente, como demuestra la experiencia de estos últimos años, puede ser fácilmente bloqueado por los manifestantes cada vez que surge un conflicto laboral en las empresas ubicadas en las cercanías; y en el que ya se han dilapidado muchos más millones de los que se habían presupuestado. Lo mismo de ayer: el miedo a las barricadas y la excusa para el enriquecimiento de unos pocos.


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Otro detalle indicativo del cariño que los gobernantes sienten hacia sus pueblos: el proyecto, también del Segundo Imperio, de rodear París de fortines con capacidad de bombardear los barrios obreros en caso de revuelta. Y es curioso que tomase esa iniciativa un gobierno surgido precisamente de las revueltas. También eso hay que tenerlo en cuenta.

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