viernes, septiembre 05, 2014

EL ETERNO RETORNO

Hablar del tiempo... Parece que hay acuerdo general en que este verano no ha sido lo que tenía que ser. Yo creo , de todos modos, que ha sido incluso un poco mejor de lo que se podía esperar. Ya he mencionado en este cuaderno esas benditas tardes de viento sur, con el aire de cara, en la playa. Mi idea de bienestar físico ha quedado definitivamente asociada a ese viento y a esas tardes. Otra cosa es el bienestar moral, y supongo que a eso es a lo que se refieren la mayoría de las quejas que se oyen respecto al clima. ¿Se quejaría uno de una lluvia, pongo por caso, que aliviara el mero malestar inconcreto de ver pasar el tiempo? Pues eso.

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Paso la mañana fichando libros y leo por la tarde las anotaciones de Walter Benjamin sobre el tedio y su relación con las tareas repetitivas y mecánicas asociadas al trabajo industrial. De ese tedio del instante a otro más general: el que genera la idea nietzscheana del "eterno retorno de lo mismo". O la que descubro en un sorprendente texto del revolucionario Blanqui que hasta ahora desconocía, y que encuentro ampliamente citado por Benjamin: L'éternité par les astres. Cada uno de nuestros instantes, viene a decir Blanqui, pervive eternamente en el espacio y en el tiempo, por lo que nuestra transcurrir es un multiplicarse, también en el terreno de la posibilidad: en la eternidad hay algún sosias nuestro que en su día tomó las decisiones que nosotros desdeñamos, y que vive por  nosotros -mejor dicho: siendo nosotros- la vida que hemos dejado de vivir por haber tomado en su momento una decisión y no otra... Sí, el aburrimiento lleva a volar alto. Menos mal que mañana empieza lo que adivino que será un intenso fin de semana con amigos...

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Para los gatos la caricia no es una dádiva, sino una exigencia; vienen a reclamarlas cuando lo creen conveniente; y amagan con un zarpazo en cuanto piensan que ya han tenido bastante.

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