lunes, septiembre 15, 2014

FUEGOS

Empiezan a tomar forma algunos proyectos; lo que significa también que el tiempo, que en estas semanas previas de inactividad y falta de expectativas confirmadas parecía haberse expandido hasta la hipertrofia, vuelve a contraerse... No se sabe qué es peor: si el apremio o la parálisis. Y así va uno bandeándose.

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Fuegos artificiales al fondo del valle, en el pueblo vecino. Anuncian el final de la feria. A esta distancia apenas se oyen los estallidos: si acaso, un petardeo amortiguado, que enseguida asociamos con el anómalo chisporroteo que ilumina un cabo de la oscuridad circundante, allá en lo hondo. No me interesan demasiado las ferias, en general. Y por eso, quizá, resulta aún más extraña esta melancolía: lejos, muy lejos, estallan los cohetes de la alegría ajena; y uno, sin querer estar allí, siente de alguna manera como carencia este ver las cosas desde tan lejos, amortecidas, leves como una chispa que, tras su breve vuelo, termina en inasible pavesa.

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También las sociedades, como los individuos, optan a veces por el suicidio, y por los mismos motivos inexplicables o absurdos. Y hay poco que hacer. Blindar la propia privacidad, quizá, para evitar el contagio.

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