jueves, septiembre 25, 2014

NOSOTROS LOS SOLITARIOS (Decálogo)


Entre la soledad libremente asumida y la que responde a una forma soterrada de la soberbia, la que se impone como necesidad.


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No estar nunca allí donde tu presencia cuenta solamente como adhesión. Ni siquiera allí donde esa adhesión responde a una convicción previa de la que no has dado cuenta a nadie.


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Frente a lo gregario espeso, la soledad transparente.


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La multitud aplaude, el solitario asiente en silencio. Y siempre preferiremos, cuando lo merezcamos, ese asentimiento silencioso al aplauso circunstancial.


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Ese paso de baile de pura felicidad que el solitario esboza cuando nadie lo ve.


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O esa otra soledad que es fermento de lo único valioso de ti que puedes ofrecer a los otros.


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Compartir la soledad como la desnudez.


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Mantener en la soledad las convenciones del pudor. Ser impúdico sólo en compañía.


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En la conciencia del solitario, hay compañías que hacen el estrago de una multitud con los pies embarrados que invade una habitación limpia.


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También la soledad es un clamor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado José Manuel,
buscando referencias sobre El hombre más buscado he acabado tropezando con tu blog, del que ya sé que extraeré una provechosa lectura. Trasteando de aquí para allá he acabo descubriendo tu competente cinefilia. Y me he dicho si podrías darme norte sobre algo que llevo algún tiempo buscando: busco la película Dublineses en su primavera versión de doblaje. Lo que me bastaría es poder llegar a escuchar el monólogo final en la voz del doblador Arsenio Corsellas. Parece ser que para su publicación en DVD se hizo un nuevo doblaje. En fin, no sé si puedes indicarme qué
dirección tomar para hacerme con ese monólogo final de Corsellas.
Un saludo de
Rosario


José Manuel Benítez Ariza dijo...

Estimada Rosario: ignoraba ese dato. Siento no poder serte de ayuda. Y bienvenida a Columna de humo.