martes, octubre 07, 2014

CÓMPUTOS

Recibo las primeras pruebas de mi inminente libro sobre Poe. Dudas de última hora. ¿He escrito un libro académico o un ensayo literario? No lo sé. Si acaso, un trabajo académico en el que me he implicado personalmente tanto como en otros libros  míos de carácter más íntimo o biográfico; y en el que me extiendo, por tanto, sobre cuestiones personales y literarias que también me atañen, y mucho: la naturaleza de la creación poética, por ejemplo; la relación de un escritor con sus modelos y maestros; o la cuestión de en qué consisten el éxito y el fracaso cuando lo que importa no es sólo el beneficio material o la repercusión mundana, sino otros empeños cuya índole resulta indescifrable incluso para la persona que los asume. Trescientas y pico documentadas páginas ¿sobre qué? Sobre todo y nada. Y una extraña satisfacción, que conlleva también una todavía no del todo bien asumida sensación de vacío, al ver el trabajo terminado.

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Igual que para el cálculo del producto interior bruto computan las rentas devengadas por el tráfico de drogas y la prostitución, deberían contarse también los réditos atribuibles al esfuerzo desinteresado y gratuito. ¿Cuánto aportan a la riqueza general del país los libros escritos a cambio de nada, las horas dedicadas a la lectura provechosa, los miles de pequeños intercambios inmateriales con los que mutuamente nos enriquecemos quienes disfrutamos con estas cosas? Puede que muy poco, en comparación con, pongo por caso, las rentas generadas por el tráfico de hachís o los favores de pago en las cunetas. Pero seguro que todo ese tiempo vale algo, como lo vale el que pasamos contemplando las musarañas en una terraza a cambio del precio de la consumición... Sí, quizá esa medida valdría: tasar todo ese tiempo según el coste medio del minuto en una cafetería sin muchas pretensiones y con vistas a un paseo distraído.

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