miércoles, octubre 15, 2014

LLUVIA

La idea inquietante de que el poder político pudiera estar, no ya, como suele pensarse, en manos de simples arribistas sin escrúpulos, sino de enfermos o locos. Desde luego, eso explicaría el carácter deshilvanado y caótico de los acontecimientos que dependen, en último término, de decisiones políticas. Aunque, bien mirado, es la propia realidad, en general, la que suele comportarse al margen de toda lógica. La política, si acaso, no hace más que añadir un cierto énfasis dramático a ese desorden primordial. Y lo hace más aterrador, si cabe.

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Más que un fenómeno meteorológico, la lluvia es un lugar... portátil y ambulante, como una feria o un circo en los que la principal atracción fuera la melancolía.

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Ni siquiera los niños lo son del todo en un día de lluvia. La lluvia siempre presupone haber envejecido lo suficiente como para que toda esa región ensombrecida quepa en el recuerdo.

1 comentario:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

La lluvia siempre sucede en el pasado, que diría Borges.