jueves, diciembre 11, 2014

DEL FRÍO (UN DECÁLOGO)


No es difícil saber de dónde sopla el viento: basta con mirar hacia dónde se inclinan las cabezas de los intelectuales.

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Llama poderosamente la atención que algo tan preciado como el sol de invierno sea gratis.

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De los gatos se aprende que el frío engendra la ternura.

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Sentados a la mesa camilla con un papel delante, el cuello envuelto en una bufanda y la moquilla en la nariz, todos somos un poco Pío Baroja.

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Y Josep Pla ante una chimenea que humea, en una casa que nunca acaba de caldearse, mientras escribimos el artículo del día y pensamos en el precio de la calefacción.

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Sólo se siente verdaderamente rico quien haya usado un billete de banco para encender el fuego.

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En las dependencias oficiales, el frío tiene siempre modales de conserje con pasado en la División Azul.

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Hace siempre más frío en el recuerdo de los inviernos pasados.

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Hubo un tiempo en la vida en el que, sentado en un banco a la intemperie, uno encontraba siempre un lugar donde calentar las manos dentro del abrigo de la persona amada.

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En los días de verdadero frío, la sopa es siempre sopa de hospicio.

1 comentario:

anónimo dijo...

Sugestivos de veras; y empieza a ser raro, ahora que proliferan tanto los presuntos aforistas. Gracias.

(Gatoflauta)