lunes, diciembre 01, 2014

IMITATIO

Imitatio. Resumen de un día del fin de semana, en el estilo de los diarios de Josep Pla.

Me despierto a las nueve y media -temprano, quizá, para un día de fiesta, pero casi tres horas más tarde que en día laborable, lo que anoto en mi haber de horas de sueño recuperadas. Desayuno, somero cuerpo de casa, sensualidades matinales. Paso la mañana leyendo junto a la chimenea. Al mediodía, vamos a buscar a J.A.M. para el aperitivo. Está contento porque los pequeños bodegones con frutos del tiempo que ha pintado últimamente se están vendiendo bien. En la barra del restaurante, cierto nerviosismo: los dueños van a abrir negocio en el pueblo vecino y queda mucho por hacer. Le va faltando a uno ya la capacidad de ilusión y entusiasmo de estos amigos jóvenes. No así a M.A., a quien le brillan los ojos ante la perspectiva. Almuerzo. Quedamos en salir a buscar espárragos después de la siesta. No queremos adentrarnos demasiado en el monte, porque queda apenas una hora de luz. Siete espárragos por mi parte, tres o cuatro veces más en manos de mi amigo. Junto con alguna tagarnina arrancada de la huerta, darán para un memorable revuelto. Antes, me repongo del esfuerzo en una especie de segunda siesta de media tarde y voy luego al restaurante a dejar algunos libros, que lucirán bien en la vitrina de souvenirs, entre las carteras y los frascos de miel. Luego la cena. J.A.M., M.A. y yo. Contra todo pronóstico, hablamos de política. Desánimo general. Las dos grandes preocupaciones de la clase gobernante: el ascenso del populismo y la amenaza de secesión catalana. Digo que a los ciudadanos de a pie no nos debe preocupar ni una cosa ni otra: ni tenemos nada que perder con una posible victoria electoral de los primeros ni nos va gran cosa en la eventualidad de lo segundo: si acaso, una mejora inmediata de la economía, resultado del previsible traslado de capitales y empresas desde el territorio escindido al resto del estado. Cosas que se dicen y que luego ni siquiera quien las ha dicho encuentra pertinentes. Efectos del vino tinto, quizá. Mala conciencia, en general, respecto a estos excesos de fin de semana. Temores a una posible noche turbada por la indigestión, que felizmente resultan infundados. Sueños densos.

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