miércoles, enero 21, 2015

CONEJOS BLANCOS


Fotos de la nieve cercana: de anteayer, pero podrían ser de hace cien años. Incluso los colores parecen emular esa bendita simplificación del mundo aparejada a la limitación técnica que suponía la fotografía en blanco y negro. Blanco sobre grises, o sobre verdes que apenas se distinguen del gris del cielo, con ese silencio de fondo que es el verdadero legado de la nieve, y que posiblemente no sea otra cosa que el contraste acusado entre la algarabía inicial de la lluvia que precede siempre estas nevadas del sur y el silencio resultante de la ingravidez de los copos.  Y ese carácter efímero de lo que se sabe de antemano que sólo va a durar unas horas, a lo sumo unos días, y que, por eso mismo, parece venir de más allá del tiempo para sobrevivirnos. 

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El maletero lleno de conejos blancos: al abrirlo, se desparraman por el terreno circundante, a despecho de que el lunático que conducía el vehículo empuñe ahora una escopeta y dispare salvajemente sobre ellos, sin alcanzarlos... Nada se dice del origen de esos conejos, o de la razón por la que eran transportados de esa manera anómala; como tampoco se dice nada de por qué en otro coche también usado en esa misma huida alocada había, en el asiento trasero, un expositor de camisas floreadas; o por qué el más joven de los fugitivos, ahora circunstancialmente metido a jardinero, alcanza a vislumbrar a la dueña de la casa completamente desnuda tras un enorme ventanal que la muestra de cuerpo entero, sin que luego sobrevenga el esperable lance erótico... Son algunos de los detalles, digamos, surrealistas que salvan Un botín de 500.000 dólares (Thunderbolt and Lightfoot, 1974), la rutinaria película que Clint Eastwood aceptó protagonizar y producir para un Michael Cimino ya en camino hacia el éxito de El cazador y la catástrofe financiera y artística que supuso Las puertas del cielo. Cosas del cine, que ahora se me vienen a la cabeza muy rápidamente, mientras repaso estos destellos de la película con la que anoche eché el cierre a las preocupaciones del día.

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En Argentina matan al fiscal que trataba de inculpar a la presidenta e intentan hacer pasar el asesinato por un suicidio. Primores del populismo peronista, que aquí todavía tiene (y parece que van a más) sus admiradores.

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