lunes, enero 19, 2015

CONJETURAL

Por un momento, pareció que aquello iba a acabar como Los viajes de Sullivan, la certera apología del cine de evasión que dirigió Preston Sturges hace tres cuartos de siglo: "A la gente le encanta la sangre, le encanta la acción, no toda esta deprimente mierda filosófica y palabrera", le dice el hombre-pájaro -un no del todo improbable superhéroe al estilo de los muchos que han saltado de los tebeos al cine en los últimos treinta años- al actor que le dio vida, y que ahora anda empeñado en llevar al teatro una pretenciosa adaptación de un cuento existencial de Carver... Pero no. Lo que este hombre se trae entre manos es otra cosa: la posibilidad de reinventarse, por ejemplo; la de reivindicarse a sí mismo frente a su ya irrecuperable ex-mujer y su ya prematuramente desengañada hija; la de sobreponerse a la evidencia de que su momento de gloria pasó... 

De vez en cuando el cine lo planta a uno, sin defensa posible, frente a la fuerza de unas pocas verdades universales. Nada más universal que la insatisfacción, que la madurez como momento de irreversible desengaño, que la sensación de que toda una vida, con sus logros y éxitos incluidos, no sirve para compensar la desoladora crudeza de estos momentos de desesperada lucidez. De todo esto trata Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, la nueva película de Alejandro G. Iñárritu. Y a uno le parece que la sensibilidad universal, ese extraño ente colectivo que diariamente alimentamos con noticias mal digeridas, opiniones sin decantar y prejuicios potencialmente letales, no debe de andar todavía del todo desquiciada cuando parece dispuesta a otorgar a esta desesperanzada -y, a un mismo tiempo, extrañamente divertida- película las mieles del éxito. Qué raro. Y qué bien. 


***

Tampoco va mal el proyecto que nos traemos entre manos el pintor José Antonio Martel y yo: una especie de diario pictórico-lírico a cuatro manos, al que él aporta las pinturas y yo los textos, en igualdad de condiciones: el pintor trabaja sobre una serie de textos dados y el escritor escribe sobre otros tantos cuadros, partiendo del tácito acuerdo de que los dos vamos a incidir sobre experiencias compartidas en varios años de trato y amistad. Llevamos varios meses en ello y, tras algún momento de duda, la cosa parece que progresa. Dentro de no más de dos meses presentaremos los resultados, posiblemente también en terreno amigo y entre amigos. Y no sé si iremos más allá porque, en estos tiempos de estrecheces, no se atreve uno siquiera a conjeturar la posibilidad de que alguien quiera editar estos treinta poemas en prosa con sus correspondientes imágenes, o estos treinta cuadros sobrescritos, como reza el subtítulo que provisionalmente hemos asignado al proyecto... Pero ahí están, y nos hemos divertido mientras tanto.


***

"Es posible que nieve esta noche, e incluso que esté ya nevando en la montaña", me dice este amigo. Pero uno ya sabe que aquí la nieve es más conjetural que otra cosa, y que donde no deja nunca de nevar, invierno tras invierno, es en la imaginación.

1 comentario:

rajaprepucios dijo...

il neige sur Liège...