miércoles, enero 28, 2015

INTIMIDAD

Lo que uno pone aquí, en este diario -lo he dicho ya muchas veces, pero no está de más recordármelo de vez en cuando-, es sólo intimidad, es decir, ese difuso amasijo de subjetividades sobre las que nadie puede reclamar una titularidad exclusiva porque, en buena ley, nos pertenecen a todos. Para ventilar lo otro, lo que podemos llamar la mera privacidad, se ha inventado eso que abusivamente llaman "redes sociales". Y quizá el gran descubrimiento que éstas han aportado a nuestro conjunto de certezas morales es que esas privacidades tan obscenamente exhibidas tampoco encerraban nada que mereciera la pena ocultar.


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Quizá el mayor reproche que pueda hacérsele a nuestro sistema educativo es el que supone el sol de invierno, por poner en evidencia que a veces hace menos frío a la intemperie que dentro de algunas dependencias escolares donde la lección que se imparte con mayor intensidad es la de que lo público es siempre paupérrimo.


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El primero que pensó que la escritura presupone siempre un interlocutor no estaba pensando tanto en la literatura como en la oratoria. Pero al parecer muy pocos advierten la diferencia.

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