jueves, enero 08, 2015

LA LIBRETA CHINA

Un propósito de año nuevo: voy a dedicar la libreta que M.M. me trajo de China a anotar las películas que veo: en principio, título, director y fecha de visionado, aunque no descarto añadir algún otro dato que me parezca relevante: por ejemplo, ayer anoté la repetida mención que se hace en Cold Mountain del libro Travels Through North & South Carolina, Georgia, East & West Florida, the Cherokee Country, the Extensive Territories of the Muscogulges, or Creek Confederacy, and the Country of the Chactaws, más conocido como Bartram's Travels, por ser obra del botánico y naturalista William Bartram (1739-1823). No es el único libro que se cita en la película: las atribuladas protagonistas se distraen también leyendo Cumbres borrascosas, en lo que me parece un guiño a la escena de Lo que el viento se llevó en la que un grupo de damas sureñas está leyendo en voz alta el comienzo de Oliver Twist cuando irrumpe en la casa una patrulla yanqui para inquirir por el paradero de los maridos de éstas, que en ese momento están haciendo una razzia contra los negros desharrapados que acampan en los alrededores; en lo que es, quizá, la escena más controvertida de la película, por incluir una transparente justificación de las actividades de lo que pronto sería el Ku-Klux-Klan... 

Con esos mimbres -una alusión, un motivo histórico, un pretexto para hablar de alguna cuestión política o social aún vigente, algún que otro recuerdo personal- hacía yo mis crónicas de cine cuando no existía Internet y no había, por tanto, la posibilidad de acudir a Google para solventar las lagunas de la memoria. La práctica totalidad de los textos que componen mis dos libros de cine -La vida imaginaria y Me enamoré de Kim Novak- se escribieron de ese modo: a fuerza de exprimir mi (mala) memoria y consultar mis listados de películas vistas. Ironías del destino: cuando la informática puso a mi alcance una casi inabarcable fuente de datos, empezaron a disminuir también mis ocasiones de escribir sobre cine. Ahora retomo la costumbre de anotar las películas que veo. Será un modo de conjurar otro indicio preocupante: el hecho de que, una vez vistas, muchas de ellas las olvido por completo, hasta el punto de que ni siquiera estoy seguro de si las he visto o no. Por lo menos ahora tendré un aide-mémoire irrebatible. Y daré un buen empleo, creo, a esa bella libreta venida de tan lejos. Sea.

***

La acompañamos a la estación, donde se ha citado con los que serán sus compañeros de viaje. La niebla se mete en la garganta y vela la voz, lo que es de agradecer, dadas las circunstancias. La mochila pesa tanto que apenas puedo con ella. El perro salta y menea la cola, excitado ante la perspectiva de un cambio de aires. En casa, creo, se aburría, y sus intentos de intimar con el otro miembro animal de la familia, la muy insociable K., acababan siempre en un extraño pandemónium de maullidos y bufidos de la gata, por un lado, y gritos humanos por otro, a los que él añadía los únicos ladridos que le he oído desde que lo conozco: su modo de reafirmarse; en lo que tampoco va descaminado: de eso se trata, de hacer valer el derecho a una voz propia, aunque sea algún que otro ladrido extemporáneo... Se van y no los veremos durante meses. Es ley de vida, y una ley que uno acata con gusto, pero...

***

El levante, dicen, se llevará estas nieblas. Pero ya se sabe la extraña relación que existe entre el viento de levante y los temperamentos nerviosos. No sé. Quizá este invierno anómalo me esté templando el ánimo. Ya veremos.

2 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

En enero del 92 empecé una libreta china, digamos. Manuscribía el título de la película, el director, el país y el año. Todo eso. Ah, y una pequeña valoración, enteramente subjetiva, claro. No se me escapó un apunte. Me esmeraba en apuntarlo todo, sin que ninguna película vista no quedase registrada en ese prontuario feliz de mis sesiones cinematográficas (de cine o de salón doméstico) Dejé de hacerlo a finales del 2012. Perdí un mes el hábito y no quise seguir. Precisamente he comenzado de nuevo en este enero, y anoche leí tu entrada. Casualidad, bendita ella. Es una especie de diario, José Manuel, ese ejercicio de apuntar las cosas. Leo que vi Perdición en julio del 95, por ejemplo, y recuerdo que fue en un piso de alquiler, en la playa, cuando los niños tenían pocos años. Todo en ese plan. Tenemos un diario extraño, pero diario al cabo, si somos capaces de hilar la película con los acontecimientos que la rodearon. Bueno, ya no escribo más. Un abrazo, y feliz año, caballero.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegra la coincidencia, Emilio, en consonancia con otras afinidades que han quedado ya apuntadas. Y muy feliz año.