martes, enero 20, 2015

PRÓDIGOS

Si se cumplen las predicciones de Cáritas, pronto alcanzaremos ese límite simbólico de la desigualdad en el que el uno por ciento de la población posee la misma cantidad de riqueza que el noventa y nueve por ciento restante; es decir, lo que en tiempos más felices y confiados leíamos, con no poca complacencia por nuestra parte, de países como Guatemala o Zaire. Las proporciones pueden variar, y también es muy posible que un pobre en España no sea exactamente lo mismo que un pobre en Guatemala; pero nada más relativo que la definición de pobreza: en algunos lugares ya no es pobre quien posee una docena de cabras; en otros, se es muy pobre, y con conciencia de serlo, teniendo coche, televisor y smartphone en el bolsillo, aunque quizá no un plato de comida caliente en casa; y hasta puede que el exiguo dominio sobre el entorno social que proporcionan estos adminículos -es decir, la capacidad que proporcionan de conocer, siquiera sea de lejos, todo aquello de lo que otros disfrutan y uno no- acentúe aún más si cabe la conciencia de desigualdad

¿En qué terminará todo esto? No sabría decirlo, pero puede que baste echar un vistazo a lo que ocurre del Atlas para abajo, o en el Oriente Medio, para saber que, cuando poblaciones enteras llegan a la pavorosa conclusión de que ya no tienen mucho más que perder, de ellas puede esperarse cualquier cosa menos cordura. La experiencia de aproximadamente tres cuartos de siglo de cierto consenso social en Europa en torno a esa entelequia llamada "estado de bienestar" debería servir para orientar un poco a las clases gobernantes sobre qué requisitos debe cumplir una sociedad en la que el odio de clases y la violencia cotidiana no sean la norma. Pero aquí quienes parecen haber perdido el norte son los poderosos y los ricos (y no los asalariados que han vivido, como se nos ha dicho hasta la saciedad, "por encima de sus posibilidades"). Los demás sólo vamos a la zaga.



***

Se escriben poemas para purgarse de esa especie de pecado de prodigalidad que es haber escrito otras cosas (véase lo precedente, por ejemplo).



***

Escribir para nadie. Ningún otro público paga mejor.

1 comentario:

Emasculaor Turlequense dijo...

El bienestar siempre ha estado por encima de nuestras posibilidades.