miércoles, febrero 11, 2015

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Conozco a tanta gente que detesta el cine de Eric Rohmer que casi me avergüenza poner aquí cuánto disfruté ayer volviendo a ver Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969) quizá el mejor de sus Cuentos morales, por ser el más sutil, el menos obvio, el que menos se presta a la rápida enunciación de una moraleja... Qué hermosa esa aventura de una noche sin sexo, pero en la que no cabe imaginar mayor intimidad entre un hombre y una mujer. Y cómo entendemos su desenlace, la idea de que hay recuerdos que bastan para iluminar toda una vida, por más que sobre el núcleo mismo de lo recordado se imponga una cierta penumbra en la que quizá es mejor no indagar. 

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El vaso, el cepillo de dientes y la botella de agua que guardas en tu taquilla. Con menos hay quien ha protagonizado episodios de supervivencia verdaderamente admirables.

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Y algo para pensar en el día de tu cincuenta y dos cumpleaños: cuánta vida es suficiente; cuál la proporción justa entre años y logros; o qué medida hay que colmar para no dejarse caer del otro lado de la cuesta sin tener la impresión de que el tiempo se ha ido en nada. Digo.

3 comentarios:

C. Turlequensis dijo...

Imagino que habrá que ir bien pertrechado de esos recuerdos luminosos para mo perderse en el descenso de la cuesta. Esto será un logro más que suficiente. Por supuesto no olvidar el vaso, la botella de agua y el cepillo de dientes.

Jesús Esteve Yagüe dijo...

Hola, me gusta tu Blog, te añadí a mi Blogroll, me gustaria que me incluyeras en el tuyo también. Opino sobre distintos temas de actualidad e históricos. Este es:

deacuerdoqueno.blogspot.com

Un saludo!!

Anibal Corral. dijo...

No para tragarse un ciclo entero. Una peliculita de Rohmer al año si que puede resultar imprescindible.

Apoyo el consejo del señor C.Turlequensis.