miércoles, febrero 18, 2015

DESNUDECES


En el bar de J., donde recalamos para tomar un café que despeje los vapores de la cena. Atmósfera de pub inglés: humor de brindis colectivo, de canciones a coro, de alguna que otra mirada indiferente al televisor silencioso en el que se ve un partido de fútbol. No, no ha habido dinero este año para irse a Londres, como hacen tantos gaditanos de clase media por estas fechas, pero era casi como si estuviéramos allí. Ya sé que hay quien se extraña de que algunos demos la espalda a estas fiestas ruidosas, en las que la ciudad empeña tantos esfuerzos. Quizá también en esto opera un factor de saturación: unos pocos carnavales bien vividos bastan, quizá, para toda una vida. Y no debo de ser el único que piensa así: el viernes al mediodía, el atasco de tráfico a la salida de la ciudad era monumental; como han sido también notables los niveles de ocupación turística en la sierra durante estos días en los que se suponía que el gran foco de atracción residía en la capital y no en sus comarcas aledañas. No hay que darle más vueltas: cada cual hace lo que le viene en gana, y todos hemos de alegrarnos de que ni siquiera en estas cuestiones, digamos, identitarias, que algunos viven de manera tan visceral, haya unanimidad absoluta. Sea. 


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La desnudez. Todavía se considera un logro atisbar lo que normalmente se mantiene oculto; lo que contrasta, por un lado, con la ingenuidad biempensante de quienes pretenden negar que hay un punto de gratificación en esa experiencia depredadora; y, por otro, con la absurda idea de que esa satisfacción siempre se obtiene a costa del menoscabo del otro, del sorprendido en su desnudez, que queda así de alguna manera marcado o puesto en evidencia. Se percibe todo esto en el floreciente tráfico de fotos de personajes públicos desnudos. ¿Qué ganan, por ejemplo, quienes promueven que circulen por Internet las fotos, no sé si auténticas, de una candidata de un partido emergente sorprendida desnuda en una playa? Lo mismo el efecto es el contrario al pretendido: en Italia, recuérdese, el otrora influyente Partido Radical consintió en ganar votos, y lo logró, a través del exhibicionismo de Cicciolina... Pero está claro que lo que se intenta es potenciar el reflejo puritano y machista de percibir como menoscabada la dignidad de la mujer así sorprendida, y que con ello se cree dañar su imagen. Cabe pensar que la mayor parte de los ciudadanos se reirán de este modo de pensar, o que al menos éste no es la norma en el campo ideológico del que espera obtener votos la afectada. Pero nunca se sabe, porque también en estas cuestiones la ideología a veces no es más que la coartada, y tanto exhibicionismo y tráfico ilícito de fotos está habiendo por parte de los que buscan ofender como por la de quienes dicen declararse ofendidos. Etcétera.



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Almendros en flor: también la naturaleza se desnuda... vistiéndose de gala, como las mujeres de antes.

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