jueves, febrero 19, 2015

HARTOS

La crisis -da a entender el periodista Jacques Peretti en su espléndido documental The Super Rich and Us- no ha sido cosa accidental. Fue cuidadosamente planeada en los despachos de City Bank y Solomon Brothers y tuvo desde sus inicios unos objetivos muy precisos: succionar los ahorros de la clase media, hasta arruinarla, y nutrir con ellos el más largo y descontrolado periodo de agudización de la desigualdad social que se conoce en la Historia, cuyo resultado es que ochenta y cinco personas poseen el cincuenta por ciento de la riqueza mundial, y que la pobreza, el endeudamiento y la precariedad laboral de la inmensa mayoría sean una inmensa fuente de enriquecimiento adicional para los ya ricos, que son quienes controlan el crédito y se benefician con los réditos generados por el mismo y la caída en picado de los salarios. 

No está uno acostumbrado a que la BBC sea tan explícita en cuestiones que afectan al debate político contemporáneo: a lo sumo, el tono característico de la casa es el distanciamiento de buen tono, trufado de un bien educado cinismo, como el que exhibe la también espléndida serie Empire, por ejemplo. Muy grave debe de ser la situación, y muy irreversible su curso, para que el elegante Peretti se permita afirmar que su más probable desenlace será un estallido de violencia social sin precedentes. Y ahí queda eso, mientras los helicópteros de la televisión pública británica sobrevuelan los rascacielos de Norman Foster que ocupan el centro financiero de Londres y uno se levanta de la siesta con un furor jacobino para el que, de momento, no encuentra otro desahogo que este cuaderno...


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Gente durmiendo en coches y furgonetas a lo largo de todo el paseo marítimo. No, no es cuestión de pobreza. Me fijo, por ejemplo, en dos parejas maduras -pongamos, de sesenta años para arriba- que a todas luces han dormido en los asientos de un impecable Mercedes, junto a la tapia del cementerio. Aparco al lado, a mi llegada al trabajo. Y cuando vuelvo, cinco horas más tarde, todavía una de ellas sigue allí. No hablan entre ellos y tienen la mirada perdida en el mar, todavía no recuperados de una noche carnavalesca que, a juzgar por las apariencias, ha debido de ser gloriosa.



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Y ya que estamos en ello: quizá lo más destacado de El destino de Júpiter, la última película de los hermanos Wachowski, sea su nítida metáfora social, un poco de cuento de hadas, sí, pero no por ello menos oportuna: la verdadera "dueña" de la tierra, según ha determinado el azar genético y los cálculos de una avanzadísima y malvada civilización jupiterina, resulta ser una inmigrante de origen ruso que se gana la vida limpiando inodoros en Chicago, y a la que disputa sus derechos una dinastía que se ha hecho poderosa "cosechando" seres humanos en distintos planetas y elaborando con la esencia de éstos -a razón de cien personas por frasco- una especie de elixir de la eterna juventud; es decir, practicando el mismo tipo de desmesurado parasitismo social que denuncian los documentales de Peretti... Sí, debemos de estar todos un poco hartos ya. 

2 comentarios:

Tmartínez Martínez dijo...

Magníficas pistas. En cuanto supere mi ansiedad nacional, les meteré mano.

anibal dijo...

http://www.bbc.co.uk/programmes/b017nf4k

Quienes son los buenos y quienes los malos?