viernes, marzo 06, 2015

BUENOS Y MALOS

Más de una semana sin comparecer ante este cuaderno. Resulta paradójico: los compromisos aparejados a la escritura te impiden... escribir, que es lo que importa. 

Pero quizá el aspecto más grato de la redacción de un diario íntimo sea éste: admite la demora, sin que pese sobre ella el imperativo de asiduidad y constancia que rige sobre la novela, o la urgencia aparejada a la escritura de un poema. He leído diarios en los que una interrupción de meses o años apenas se nota: el diarista retoma el hilo de su vida escrita con la misma naturalidad, pongamos, con que todas las mañanas recupera al despertar su identidad y sus rutinas. En la economía de un diario, estas interrupciones valen lo que los olvidos en la vida cotidiana: resultan higiénicas incluso; y, sin ellas, casi no podríamos conjurar el mayor peligro que pesa sobre la labor del diarista: que el diario ocupe tanto espacio en su vida que impida el vivir propiamente dicho.

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Hay mucho que decir sobre una película como Alexander Nevsky, vista con los ojos del público de hoy. Su lentitud, su tosquedad argumental, su esquematismo propagandístico... Pero dos hechos se imponen sobre los fríos argumentos del resabiado espectador contemporáneo: primero, que, vista en pantalla grande, la película es... otra cosa; y, segundo, que uno puede imaginarse el efecto de esta película elemental, pero tremendamente emocionante, sobre una población sometida a los horrores de la guerra y necesitadas de esa modalidad básica de retribución sentimental consistente en ver cómo los buenos le sacuden una buena tunda a los malos... Algo parecido a las sesiones de tarde de los cines nuestra infancia, sí, pero bajo los bombardeos.

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Inicio de otra campaña electoral. De nuevo -me parece haber escrito esta frase antes-, el problema del elector se reduce a lo siguiente: cómo votar sin mancharse las manos. Nos lo ponen realmente difícil.

2 comentarios:

Anibal dijo...

Me temo que al "público de hoy" tampoco le excitará la orfebrería visual con la que se construyeron resortes que parecen ya desfondados salvo para los que somos espectadores carcas e irreductibles a la resabiduria. Y por supuesto, Prokofiev...

C. de Turleque dijo...

Sí, siempre está la coartada de la "orfebrería visual" o el montaje intelectual y todos esos logros del amigo Sergio que tanto influyen en este mester de la cinematografía. la verdad es que yo con A.Nevsky, como con otras de este pájaro, bostezo.