miércoles, marzo 25, 2015

DIAGNÓSTICOS

Oyendo ayer en la radio las opiniones de los expertos sobre el accidente aéreo que ha tenido lugar en los Alpes franceses y afectado a un avión que volaba entre Barcelona y Dusseldorf, se nos escapa un comentario admirativo. Tanto el piloto consultado como la responsable del apoyo psicológico a las víctimas hacen un diagnóstico claro y preciso de la situación y se expresan con la seguridad de quienes saben qué hay que hacer en cada momento. Estremece un poco oír el protocolo al que debe atenerse un piloto en el momento en el que surge una emergencia, o saber que existe un protocolo igualmente preciso para hacer frente a lo que los psicólogos llaman "la gestión del dolor". Pero, de todos modos, infunde una cierta confianza saber que hay gente más o menos anónima cuyo trabajo consiste en prever esas eventualidades y hacerles frente. Sigue el inevitable corolario: quienes hacen funcionar este país son los profesionales que, desde sus puestos subalternos, se enfrentan diariamente a los problemas reales. En algún lugar he dejado escrito algo parecido a esto: en cierto modo, es una suerte que a los inútiles les den siempre la patada hacia arriba y prosperen justo en el medio más favorable para ellos, que es la política; eso deja la gestión de los problemas cotidianos en manos de quienes realmente saben lo que hay que hacer.

Pero como para desmentir esa opinión tan optimista, esa misma noche oigo en televisión a otros dos técnicos que me causan justo la impresión contraria. Preguntada sobre si es cierto que las exigencias de seguridad en los vuelos low-cost es menor que en las compañías normales, la decana del Colegio de Ingenieros Aeronáuticos simplemente elude la cuestión. Y su compañero de mesa, representante del Colegio Oficial de Pilotos, suscita una alarmante polémica al dejar caer que quizá los de su gremio no tienen suficiente entrenamiento para saber cómo resolver una incidencia en los controles informáticos y recuperar el control manual del aparato... Lo que invierte la cuestión: quizá la indecisión, la improvisación, el mirar para otro lado, el sembrar dudas o el barrer para casa no sea sólo cosa de los políticos, que al fin y al cabo no son más que un reflejo de lo que somos.

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La primavera se ha vuelto invierno. Le pasa lo que a las personas acostumbradas a la precariedad y la tristeza: aplazan la merecida atenuación de sus males que suele sobrevenir con el mero paso del tiempo, no vaya a ser que...

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Se conforma uno con tan poca cosa que a veces se siente exultante simplemente por haber encontrado sitio para aparcar. 

2 comentarios:

Jesús Esteve Yagüe dijo...

La verdad es que gente competente e incompetente hay en todos lados, es ley de vida. En cuanto a los políticos la situación la veo peor. Si las cabecillas que hemos conocido estos últimos años son los mas preparados, mal vamos. Y si como insinúas, la gente válida de verdad está por detrás, mal también, porque da miedo pensar los motivos por los que prefieren quedarse a la sombra...

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Un saludo!!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

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