lunes, marzo 23, 2015

KASHGAR

Primer día de primavera más bien plomizo, pero a la altura de las expectativas. Lo propio de la primavera es el desconcierto: ante la vida, para quienes se inician en ella o para quienes gozan del divino don animal de ajustar sus ritmos vitales a los ciclos planetarios; o simplemente ante ese sucedáneo de la vida que es su representación mental, donde acaso las diferencias entre lo que es y lo que se espera que sea son todavía más marcadas.


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La actitud de K. ante el perro de C.: se acabó la fase de tanteos, y ahora lo que toca es la guerra sin cuartel, los bufidos y zarpazos en cuanto el otro animal, en actitud meramente propiciatoria, le acerca el hocico... Y lo curioso del caso es que este resultado no parece responder al mero instinto, sino a una larga y ya zanjada meditación. 


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Recién llegado de Kashgar, en el Asia Central. He recorrido el desierto en un autobús donde viajaban iugures y turcomanos y conducía un chino. He paseado por el laberinto de casas bajas y visitado el mercado de caballos. Y ahora, despierto, lo que me extraña es estar donde estoy.

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