miércoles, marzo 18, 2015

RUIDOS

Quizá el principal error de percepción del que adolecen los políticos en campaña electoral sea éste: cada uno de ellos cree que su mensaje se diferencia nítidamente del de los otros, y por eso repiten una y otra vez sus eslóganes y argumentos, con la esperanza de que éstos calen en el electorado indeciso. Pero lo que consiguen es que el electorado sólo perciba la identidad esencial entre todos esos mensajes, y el hecho de que todos ellos no son sino porciones de una misma masa de ruido indistinto, más molesto e irritante que otra cosa. Hoy por hoy, y pese a la evidencia de que nuevas fuerzas políticas han irrumpido en el panorama, nuestra percepción del ruido sigue siendo la misma, y ninguna de las voces actuantes, ni siquiera las nuevas, han logrado distinguirse nítidamente del ruido de fondo en el que se confunden todas. Y uno se siente tentado a actuar en consecuencia.

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Inesperado programa doble de cine: La calle sin alegría (1925) de Pabst, y Rien que les heures (1926) del vanguardista Alberto Cavalcanti. Y la evidencia de que la primera sigue vigente y es de una modernidad indiscutible -su relato de una crisis bursátil urdida por los ricos para despojar de sus ahorros a la clase media es de una absoluta actualidad (véanse los documentales a los que aludíamos no hace mucho-, mientras que la otra es hoy día un cachivache averiado, que sólo puede interesar a los historiadores del cine. Lo que dice mucho de la caducidad de lo moderno y de la perdurabilidad de todo aquello que contiene un átomo de verdad, digan lo que digan quienes consideran que esto del arte es algo que concierne exclusivamente al afán de innovación y a las cuestiones formales.

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En una pausa de silencio en el desayuno, los ruidillos de K. haciendo sus cosas. Sensación de vida e intereses nítidamente diferenciados de los nuestros; y, por tanto, de reconfortante otredad, con lo que eso tiene de sugerencia de que también lo nuestro podría obedecer a otras motivaciones y estímulos y establecer, quizá, otra clase de conexión con las razones profundas que rigen el todo.

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