lunes, abril 20, 2015

IMPOSTURAS

Se va preparando uno para la invisibilidad. Hay que predisponerse a ella como quien se pertrecha para un largo viaje. Zanjar antes algunos asuntos pendientes, porque no se trata de una fuga, sino de un simple echarse a un lado para no proyectar la sombra propia donde debería brillar sin impedimentos la luz. O volverse transparente, que es lo mismo.

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En realidad, que uno se sienta más o menos obligado a asistir, en calidad de escritor, a las presentaciones de libros de otros escritores, y que espere que éstos hagan lo propio en el caso inverso, no deja de ser un error de planteamiento bastante considerable. Lo lógico sería que a los actos literarios asistiesen sólo lectores movidos por la curiosidad, y no escritores obedientes a un reflejo de solidaridad gremial. Ya sé que no es fácil hacer estos deslindes en una ciudad pequeña, por ejemplo. Pero precisamente es en esos ámbitos donde las cosas deberían estar más claras, y donde todo el mundo debería dar por sentado que, si un escritor no compromete sus tardes en hacer vida literaria local, es porque está donde debe estar: en su casa, escribiendo.

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Quizá el problema sea ése: disponer sólo de las tardes; es decir, no ser verdaderamente un escritor profesional, y haber confundido la afición con un deber ineludible. Pertenece uno a una división de escritores sobre la que pesa siempre la sospecha de impostura. Y un impostor, ya se sabe, antes o después se delata.

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