lunes, mayo 04, 2015

ATORMENTADO

Carretera cortada. El "dispositivo de tráfico" que la Guardia Civil había organizado para encauzar la afluencia de motocislistas al campeonato mundial de lo suyo implicaba el corte de la carretera general y el desvío de la circulación a otras vías secundarias. Y como el acceso a la autopista en dirección a Cádiz estaba en el tramo cortado, dimos por supuesto que habrían habilitado otro en la ruta alternativa que nos obligaban a seguir. Pero estaba tan mal señalizado, y era tan dudosa la indicación, que, entre lanzarme a tumba abierta a un carril del que ni si quiera sabía si era de sentido contrario, y seguir carretera adelante, hice esto último. Con el resultado de que me vi en la autopista en dirección a Sevilla, y no pude cambiar de sentido, después de pagar el correspondiente peaje, hasta Lebrija, lo que supuso un retraso de una hora en nuestro viaje de regreso de la sierra. Bueno. Fue sólo uno de los muchos incidentes del día, que también incluyó un agravamiento de mi lesión de rodilla, alguna que otra discusión familiar, una avería de la conexión a Internet y el agotamiento de la bombona de gas mientras me duchaba. Nada irreparable, desde luego, como tampoco tuvo mayores consecuencias que la policía municipal de U. nos abordara mientras teníamos el coche subido a la acera para proceder a cargar en él los cuadros de la exposición que traemos a Cádiz... Ahora me río. Pero, desde luego, hay días en los que uno parece hallarse bajo los efectos de un mal de ojo, por lo menos. Cosas de esta primavera, que no sólo baraja a su capricho todo su repertorio meteorológico, sino que también juega con las energías primordiales, los flujos del azar y los victimismos fáciles del humor contrariado. Vaya.

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Salgo a escrito por sentada. La reseña del libro de J.C.B., la revisión del librito de aforismos que ando preparando, el artículo de cine de la semana, la entrada "larga" de este diario que suelo escribir los domingos... Casi me parece sentir en mis espaldas el látigo del cómitre. Chas, chas. Pero es inútil, porque la galera debe de estar embarrancada y todas estas paletadas no son otra cosa que palos al aire.

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Conversaciones de barra. Nos cuenta L. que los pollos de la última puesta le han nacido atormentados, es decir, afectados por la última tormenta de primavera. A duras penas han roto el cascarón y algunos ni siquiera han podido desprenderse del hilillo -L. lo llama "cordón umbilical"- por el que se alimentaban. A estos últimos él mismo les ha cortado el cordón y curado la herida con un antiséptico. Aún así, no tiene claro que sobrevivan. No sabía uno que, incluso dentro del cascarón, los pollos estuvieran expuestos a las malignas influencias del exterior. Ahora la palabra "atormentado" tiene un nuevo sentido para mí. Y no, no la volveré a emplear a la ligera. 

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