martes, mayo 26, 2015

CUANDO FALLAN

Cuando escribo de generalidades -y acabo de tachar todo un párrafo sobre un asunto de actualidad que me parecía interesante y que luego he optado por desechar- la prosa parece que se ahueca. Cuesta volver a darle la consistencia de lo naturalmente pensado y expresado luego mediante un uso relajado de los órganos de la dicción, que son también los de la escritura. Se asoma uno entonces a la ventana, se llena la vista de las formas y colores que ocupan la calle y el oído del zumbido más o menos amortiguado de la realidad al otro lado del cristal. El pensamiento tiende a lo general, y por eso se resiste a veces a expresar sus categorías en términos asimilables al pájaro que canta en la rama de un árbol próximo o al paseante que recorre la acera. Verlos u oírlos supone a veces todo un esfuerzo, no ya de los sentidos, sino de la imaginación, que es la gran enemiga de las generalidades. Sólo mediante su ejercicio podemos aspirar a tocar un poco de realidad. Y no, ay, mediante el uso de abstracciones, que son las primeras que acuden a llenar los renglones cuando fallan la vista y el oído.

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