lunes, mayo 11, 2015

YA SÉ

Oigo la crónica radiofónica de lo que acontece en las ferias del libro que andan celebrándose por toda Andalucía. En una de ellas, dice el cronista, se ha presentado una novela que cuenta los amores del cocinero del Alcázar de Sevilla con la hija de Boabdil. En otra, dicen, se habla de otros amores difíciles y contrariados, esta vez entre un maquis y la hija del comandante del puesto de la Benemérita, creo. Etcétera. Por lo mismo, no nos sorprendería que alguien diera a la imprenta una novela sobre los amores del Capitán Trueno con Isabel la Católica, pongo por caso, o las de un ordenanza de Durruti con una prima de Franco que, a su vez, es cuñada de un ministro de Azaña implicado en asuntos de estraperlo y tiene una hermana viuda que se deshace en deliquios nostálgicos hacia la noble y exótica ciudad de Melilla, en la que sirvió su marido, capitán del heroico cuerpo de regulares... Sea. Tampoco quisiera uno que todos los novelistas aspiraran a ser un Robbe-Grillet, pongo por caso. Pero...

No sigo por aquí, que ya sé lo que van a decirme.

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Este amigo escritor ya anduvo en política hace años y salió escaldado. Y ahora, al calor de la ilusión que despierta en algunos la presencia de nuevos partidos en liza, ha vuelto a dejarse convencer. Ya sabemos cuál será el resultado: decepción sobre decepción, y acaso una mayor propensión a la misantropía, transmutada en esa melancolía que ha destilado siempre toda su literatura. No sé si lo hace para eso: para cargarse de razón. Pero no: para eso basta sentarse al margen y observar.

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Los enemigos del alma, según Bergamín: el deporte, el turismo y la pornografía. No salgo mal parado: de estas tres cosas, soy inmune a dos y media.

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