lunes, junio 08, 2015

INGRÁVIDOS

La sombra nos pega a la tierra; quiero decir que, sin sombra, somos un poco ingrávidos, y eso es lo que sentimos en tardes como ésta, en las que una fina bruma difumina la luz y ésta nos envuelve con idéntica intensidad desde todas direcciones. Hay que decir que también nos falta un poco el aire, porque el viento predominante, más que empujarlo hacia nosotros, parece arrebatarnos parte del que necesitamos para respirar. Y treinta grados a la sombra. Decididamente, el verano que se avecina va a ser duro. Y qué poco dura mi estación preferida, que es el entretiempo. 

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A algunos libros ya de por sí oscuros el traductor, que tampoco parece haberlos entendido, les añade un poco de oscuridad supletoria. Y basta con que detectemos algún descuido evidente por su parte para que éste redunde, de inmediato, en beneficio del menoscabado autor.

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A muchos poetas a los que hemos leído en traducción les concedemos un voto de confianza que a lo mejor no merecen.

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Dejar de escribir -quiero decir, dejar todo lo que acompaña subsidiariamente a la escritura- para escribir mejor; es decir, para escribir sólo lo que importa, que es siempre menos de lo necesario para hacerse oír. Y renunciar, sobre todo, a esa parte de la escritura que es mera gesticulación.

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