lunes, julio 06, 2015

EL CORO

A juzgar por el silencio circundante, deducimos que quienes podrían romperlo duermen todavía el sueño de los trasnochadores. Son, sin saberlo, herederos de la predilección romántica por la noche y sus misterios. Pero no lo hay mayor que esta paz y esta transparencia, en la que incluso los rigores del calor se ven aliviados por una brisa que todavía no ha tenido tiempo de convertirse en rebufo de boca de horno. No, no envidia uno a los adolescentes dormilones ni -tampoco literariamente- a los insomnes de espíritu atormentado. Si alguna vez me tildaron de noctámbulo, ya no presumo de ello. Lo mío, decididamente, son estas mañanas junto al balcón, los pies desnudos, la mente despejada: todo lo que empieza a torcerse, ay, con la siesta.

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Por eso mismo, no envidio a estos animosos amigos que, con unos cuantos lustros de edad más que yo, todavía muestran un envidiable aguante para los excesos conviviales. Mi único motivo para desear estar a su altura sería, en fin, poder cultivar con más asiduidad su compañía. Por lo demás, me cuentan su última hazaña y casi me agota la mera consideración mental de la misma. Consistió en una excursión gastronómico-festiva a una ciudad cercana afamada tanto por sus bodegas como por los productos de su puerto pesquero. Salieron al amanecer y desayunaron en ruta. Luego visitaron una bodega y probaron los caldos recomendados, acompañados de los correspondientes aperitivos. Con eso, yo ya me hubiera retirado. Pero no: siguió un espléndido almuerzo, y luego un paseo por los muelles, en los que se negoció la compra de algún lote de marisco fresco que esa misma noche, ya en casa, sería cocinado a la parrilla y degustado al aire libre... No, yo ya no tengo estómago más que para una sola comida copiosa al día, y soy de los no cambian una buena siesta por el privilegio de una sobremesa larga. El cuerpo no da para más. Y, sin embargo...

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No hay escapismo en este diario. Pero quien quiera encontrar en él alguna alusión a las cuestiones políticas del día, que vaya mejor a una hemeroteca, porque la clase de compromiso con la realidad que aquí se practica es de otra índole. Sin embargo, animo a que se establezcan los correspondientes paralelismos. Asombra a veces la enorme coincidencia existente entre los altibajos de la intimidad y los que afectan a la vida pública. Como la hay -ya que está de tanta actualidad lo griego- entre los monólogos de un actor de tragedia y los cantos del coro.

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