lunes, agosto 03, 2015

UNA EXCURSIÓN DE CINE






¿Quién dice que los libros llevan al sedentarismo y la inacción? El de Francisco Reyero sobre Sinatra y España me ha llevado este fin de semana a un paraje que, pese a lo cercano, no conocía: el pantano de El Chorro y alrededores, en las sierras de Málaga. En esa zona, y concretamente en el Desfiladero de los Gaitanes, se rodaron algunas escenas de El coronel Von Ryan, una olvidada película de acción que dirigió Mark Robson y en la que Sinatra interpretó el papel principal. 

Llevados de esa referencia nos echamos a la carretera. Sobre el papel la ruta es un tanto enrevesada y no se sabe muy bien a dónde acudir entre los muchos reclamos turísticos y paisajisticos que ofrece la zona. Pero quiso nuestra suerte que, casi por azar, nuestra primera parada en la zona fuera al pie de las ruinas del poblado e iglesia mozárabes de Bobastro, en donde los amables chicos que atienden la caseta de información, bajo un sol de fuego y el canto ensordecedor de las chicharras, entendieron a la perfección nuestro designio y nos aconsejaron un recorrido razonable, antes de rematar el día con un baño a la orilla del pantano. 

Antes, subimos a ver los restos del poblado, que fue la plaza fuerte del caudillo rebelde muladí Ibn Hafsun, que desde allí desafió la autoridad del califa de Córdoba durante casi treinta años. Simpatiza uno de inmediato con el renegado: también a uno a veces le gustaría emboscarse en un monte y desafiar desde allí a los poderes de este mundo. El enclave, desde luego, lo favorece. El monte es una especie de queso de gruyer, cada uno de cuyos agujeros invita a atrincherarse. No queda mucho más: unos silos excavados en la roca, los restos de una cantera en cuyo suelo todavía pueden verse sillares a medio tallar, y algunos humildes tramos de muralla que casi se confunden con los muretes que construyen los pastores. Y la iglesia, claro, que es la construcción más espectacular del conjunto, y de la que se conserva el trazado de las tres naves, la cripta y un frontal con arcos de herradura, todo ello tallado directamente en la roca, a la manera de las iglesias de Lalibela, en Etiopía. 

Satisfecho nuestro afán de ensoñación histórica, retrocedemos hasta la aldea de El Chorro, desde la que contemplamos las espectaculares pasarelas y el precario sendero tallado en la pared de roca a más de cien metros de altura que sirvieron de escenario a El coronel Von Ryan. El calor del mediodía no invita a más. Tomamos un refresco en la terraza de una venta a la salida de la aldea y volvemos de nuevo sobre nuestros pasos hacia el pantano propiamente dicho, en el que pronto damos con una zona de acampada con acceso a las orillas del embalse. Almuerzo, baño y siesta seguida de un segundo baño largo que nos deja en excelente predisposición para volver de nuevo a la carretera e incluso hacer una paradita en Grazalema para merendar, antes de volver a casa.

Lo dicho: todo lo debe uno a los libros.

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