jueves, noviembre 05, 2015

PUNK BRITANNIA

Con las lluvias últimas, la algaida a la que vamos a estirar las piernas se ha cubierto de florecillas blancas: narcisos silvestres, me dice una página de Internet, aunque no estoy seguro de que la identificación sea correcta por mi parte. Tienen un olor dulzón, como ajazminado, pero con un punto de limón. Y lo curioso es que ese olor, de tan tenue, sólo se percibe cuando se camina en dirección contraria a la brisa y ésta la empuja a las pituitarias un tanto atrofiadas en estos días de temperaturas variables y humedades traicioneras. Pero aquí, en medio del milagro, hasta me parece que respiro mejor.

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En medio de una mañana pródiga en errores y meteduras de pata, recibo un mensaje de M.A. advirtiéndome de una errata en la entrada de ayer de este cuaderno. Una más, me digo, en un día pródigo en ellas. Claro que las peores son las de orden existencial: también tienen arreglo, pero siempre a costa de enmiendas y tachaduras demasiado visibles.

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Y mis documentales de sobremesa: esta vez, la serie Punk Britannia, que emitió hace un par de años la BBC. Qué familiar me resulta la descripción que hace del estado de ánimo que podía respirarse en la juventud de una barriada obrera hace treinta o treinta y cinco años. La cronología es imprecisa, porque lo que ocurrió en Londres entre 1976 y 1978 no tuvo traslación exacta a nuestros climas hasta lo menos un lustro o dos más tarde. No es mucho, teniendo en cuenta que la distancia que nos separa de la Europa más avanzada en lo referente a otras cuestiones nunca ha sido menor de veinte años. Pero sí: la sensación de vacío -en lo musical, pero también respecto a ese otro espejismo general de libertad y expansión de horizontes que se produjo a lo largo de la década anterior- es reconocible incluso para quien fue un adolescente español de provincias que exploraba el dial de su radiocassette traído de Ceuta en busca de una autenticidad musical, y una cierta actitud vital, que sólo se cultivaba en las bandas que ensayaban en los garajes o en los locales prestados de los colegios, y que tardaría aún años en eclosionar. 

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