miércoles, diciembre 02, 2015

ANIVERSARIO Y DESPEDIDA


Diez años son muchos o pocos, según: en todo caso, demasiados si se aplican a un "experimento", que debe ser por definición tentativo y breve. Diez años cumple hoy este Columna de humo, que nació como un experimento literario -un intento de explorar las posibilidades de expresión de la intimidad en un formato abierto y público; es decir, de escribir un diario íntimo, que no privado, a la vista de todos- y que, quizá por ello, debe tener fecha de cierre, porque un experimento ha de tener siempre muy bien acotadas las condiciones de espacio y tiempo en las que ha de plantearse. Diez años, me parece, son más que suficientes, y por eso hoy doy por finiquitado este "diario abierto". 

Es una ocasión melancólica, claro, porque se ha afianzado en mí la costumbre de acudir con regularidad a este cuaderno y casi no hay ya experiencia que no se me represente, en el momento de vivirla, en los términos en que vendré a verterla en estas cuartillas virtuales. No sé si eso ha sido una buena o mala costumbre: sólo el tiempo dirá si su abandono supone alguna pérdida. Lo que sí puedo decir es que, al menos literariamente hablando, el esfuerzo me ha valido la pena. Y no sólo por el balance de obra publicada a partir de lo aquí escrito -los volúmenes diarísticos Señales de humo, Pintura rápida y La novela de K., a los que hay que añadir decenas de artículos, semblanzas y reseñas que nacieron en este cuaderno y luego fueron reelaborados para su publicación en periódicos y revistas, más otros libros (de aforismos, de semblanzas cinematográficas, etcétera) que tengo en proyecto-, sino, sobre todo, porque el hecho mismo de haberme sometido a la disciplina de escribir un diario durante diez años ha condicionado claramente mi manera de enfrentarme a la escritura y me ha hecho concebir la extraña fantasía de que toda mi obra -poemas, novelas, cuentos- no son sino ampliaciones o fragmentos emancipados de este flujo de palabras. 

Ha sucedido también que el momento reservado para acudir a este cuaderno y verter en él mis impresiones más recientes se ha convertido, a falta de otro hábito reflexivo mejor, en el único espacio de mi rutina en el que practico lo que los sabios e iniciados llaman "meditación" o "vida interior": es decir, he perdido la costumbre de volver el pensamiento sobre mis asuntos si no es escribiendo, y haciéndolo aquí, en este cuaderno, a la vista de todos y celando de esa mirada ajena -más imaginaria que otra cosa, porque tampoco han sido tantos los que hayan venido aquí a escrutar mis cosas- tan sólo la privacidad más anecdótica, en aras de una expresión sincera de mi intimidad. Es decir: he venido aquí a mirarme, como ante un espejo; pero un espejo ante el que uno quiere aparecer limpio y digno, y no en pose exhibicionista u obscena. Ya sé que todo esto es contradictorio y difícil de explicar, cuanto más de justificar. Pero no otro ha sido el papel que este cuaderno ha desempeñado en mi vida y en mi economía mental a lo largo de los últimos diez años.

Aquí queda, abierto a todos, porque ése fue su designio desde el principio. Ojalá siga teniendo lectores, o al menos visitantes azarosos, de ésos que recalan en estas páginas por la indiscreción de Google u otras herramientas de búsqueda y luego se sienten picados por la curiosidad y leen aquí y allá y llegan a sentirse cómodos con el interlocutor que les ha tocado en suerte. No descarto que vuelva a retomar este diario dentro de algún tiempo, aquí, en este mismo espacio. Ya se verá. Agradezco la paciencia y simpatía de quienes se han dignado dedicar unos minutos de su tiempo a leer estas páginas. Saberme acompañado me ha servido, sin duda, como acicate para una expresión mejor de lo que me quería decir a mí mismo. 

Y aquí lo dejo, no sin sentir un poco de vértigo...

Ilustración: retrato de José Manuel Benítez Ariza, por José Antonio Martel. Óleo sobre lienzo.

15 comentarios:

Setefilla Almenara J. dijo...

Igualmente, una alegría que existan espacios como este tuyo, contenido interesante y enriquecedor, muchas gracias por los buenos ratos de lectura.
Saludos.
Sete.

Elías dijo...

Desde que descubrí esas "señales de humo" y las enlacé en mi blog he sido unos de esos visitantes asiduos que ahora las (te)echarán de menos.
Gracias por el disfrute durante este tiempo.
Un abrazo.

gatoflauta dijo...

Digo lo mismo que mis predecesores: se te echará de menos. Y mil gracias, de veras.

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

A mi me gustan muy poco las despedidas, así que prefiero pensar que quizás cualquier día ese vértigo que sientes al despedirte se convierta en algún otro experimento que vuelva a engancharnos a todos y se convierta, de nuevo, en una ventana "un poquito cotilla" a tus mundos confesables.
Ha sido magnífico haber podido leer cuanto escribes. Muchas gracias por tu tiempo y por tus experiencias.
Hasta siempre

Portorosa dijo...

¡Qué casualidad! Tras meses o años sin venir, lo hago justo el día de tu despedida.

Me encantó leerte. Gracias.
Mucha suerte. Un abrazo.

Tiemann Pl. dijo...

Gracias. Te echaremos de menos.

Alfredo J Ramos dijo...

Pasé, leí, disfruté. Gracias por compartir tu tiempo, tu arte y tu libertad.

César Romero dijo...

Vaya. Gracias por todos estos años. Se te echará de menos. Y te seguiré leyendo en otros formatos.

Alvaro dijo...

Muchas gracias por compartir todo este tiempo con nosotros. Daba gusto saber que estabas ahí todos los días con algo interesante para poder leer.

Toribio dijo...

Muchas gracias, por el blog y por sus libros

Aquilino Duque dijo...

Nos has dejado un poco huérfanos, sobre todo a los que caminábamos a tu lado.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Muchas gracias a todos por la compañía y los comentarios: me servirán de acicate en el tiempo que dure este voluntario silencio. Gracias.

Dionisio García dijo...

Llevo ya muchos años oyendo, leyendo, padeciendo la confusión entre los verbos 'oír' y 'escuchar', pero a pesar del tiempo transcurrido, no me acostumbro y cada vez que oigo o leo "escuchar" por "oír" se me llevan los demonios. Es tal el uso y el abuso del primero a costa del segundo que éste está a punto de desaparecer del vocabulario, si es que no lo ha hecho ya. Sin embargo, uno de los sitios donde ni por asomo me esperaba topar con esta moda —¿?— es en su traducción del Lord Jim. En efecto, en la página 145 —cap. 10— se lee: "No se veía ni se escuchaba nada". Consultado el original inglés, por si acaso era error de Conrad, se lee: "there was nothing to see and nothing to hear". Mis conocimientos de inglés son muy escasos, pero suficientes como para saber que oír = hear; escuchar = listen. Además, el sentido del texto requiere 'oír' no 'escuchar'.
No le habría escrito todo esto (con la duda, además, de que, al enviárselo como comentario a un blog ya cancelado —no encuentro otro sitio donde enviárselo—, le llegue a usted), pero es que estoy muy harto de la confusión, de que los dos verbos se hayan convertido en sinónimos con el agravante de que uno de ellos haya quedado en casi completo desuso. Por otra parte, si estoy leyendo la edición de PRE-TEXTOS, que compré hace más de 12 años, es porque en su día leí elogios de su traducción, que me parece buena: no quita una cosa para la otra.
Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Estimado Dionisio: Este blog no está cancelado, puesto que sigue en la red y admite comentarios y visitas, que agradezco, incluidas las críticas. Tomo nota de su comentario, que asumo: efectivamente, "escuchar" y "oír" no son lo mismo, y ahí me dejé llevar por el habla coloquial, en el que la confusión es frecuente. Si alguna vez hubiera ocasión de revisarlo, por supuesto que lo haré. Gracias.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Aunque la verdad es que me fío más de Garcilaso que del diccionario: "En el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba".