lunes, enero 02, 2017

(DE UN DIARIO INÉDITO)

(Sábado 2/1/2016)

Apenas hace un mes que me despedí de este cuaderno y ya estoy otra vez aquí. Lo echaba de menos y, sobre todo, acusaba la falta del intervalo de introspección que suponían los escasos minutos que cada tres o cuatro días le dedicaba. 

Le he dado muchas vueltas a cómo continuarlo, porque una cosa sí tenía clara: la pausa debía servir para redefinir las reglas.Hasta ahora este cuaderno se concebía a sí mismo como diario abierto, lo que en la práctica se traducía en cierta inmediatez: se traían a él, diariamente al principio y más espaciadamente luego, todas aquellas vivencias y reflexiones que me parecían apropiadas a un cierto nivel de intimidad, dejando fuera, más por discreción que por pudor o recato, otras cuestiones que consideraba pertenecientes al ámbito de la mera privacidad. Naturalmente, los límites entre intimidad y privacidad son dudosos y posiblemente venían en gran medida determinados por ese compromiso de inmediatez: el que el lector leyera hoy lo sucedido apenas ayer imponía algunas prevenciones a quien escribía. 

Hoy este diario quiere seguir siendo abierto, pero quiere variar la cláusula de inmediatez: lo aquí escrito no se hará visible hasta pasado un plazo, que de momento he querido fijar en un año: es decir, estas mismas palabras, escritas en el 2 de enero de 2016, no serán visibles hasta el 2 de enero de 2017. Este diario será, a partir de hoy, un diario demorado. Lo que no deja de causarme cierta desazón. ¿Seguiré siendo el mismo en esa fecha? ¿Estaré vivo? ¿Seré capaz de afrontar entonces con naturalidad, y sin avergonzarme o extrañarme, lo escrito confidencialmente un año antes? ¿Y qué gano con ello? 

No lo sé todavía. Se trata, como ha ocurrido siempre con este diario, de un experimento. Ya se verá. Espero, quizá, que los límites entre intimidad y privacidad se redefinan, seguramente con ventaja de lo primero sobre lo segundo. Quisiera que el poso de vida vivida que uno viene a dejar aquí fuera un poco menos contemplativo y más factual, porque, en la medida en que este cuaderno es también un registro o un libro de cuentas, lo ideal sería que recogiera información exacta y fidedigna, y no sólo impresiones o estados de ánimo. ¿Nombres también, atribuciones exactas a terceros de palabras o hechos? El tiempo lo dirá. No quisiera uno ser indiscreto a cuenta de la demora, pero tampoco quisiera pasar por desentendido. En todo caso, siempre cabe la posibilidad de apretar una tecla y borrarlo todo. La vida opera del mismo modo, en bien de su renovación, y no pasa nada. O eso queremos creer.

2 comentarios:

Emilio Calvo de Mora dijo...

Da lo mismo si hay demora o inmediatez, José Manuel. Yo me alegro, como lector, de que vuelva ese diario. Lo de deslindar intimidad y privacidad es un asunto que siempre estará en manos de quien escribe, no del que lee. Lo que tú consideres íntimo, de fácil tránsito al lector, sin que sientas que vulneras o entregas nada tuyo, será (en algunos, no sé) una exhibición, una muestra pública de tu mundo privado. En todo caso, entiendo el deseo de volver. Un abrazo y feliz año, caballero.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenido de nuevo, Emilio. Qué alegría que no hayas olvidado este cuaderno. Esa asiduidad es todo un estímulo. Gracias.