martes, enero 10, 2017

POR EL BUEN CAMINO



En el mercadillo. Hojeando un ejemplar de la primera traducción española de Doctor Jivago, la que se hizo sobre el texto italiano que publicó Feltrinelli en 1957, cuando la novela estaba todavía proscrita en Rusia, me llama la atención la pulcritud y corrección métrica con que están vertidos los poemas que ocupan el capítulo final. Busco el nombre del traductor: Fernando Gutiérrez, de quien, tras hacer la correspondiente búsqueda informática, averiguo que fue un prolífico y premiado poeta, amén de traductor y gestor editorial, y que en su tiempo se apreciaba mucho su conocimiento de los entresijos de la censura -él mismo ejerció como censor- y, por consiguiente, su habilidad para sortearla. Entre sus méritos está haber fundado una apreciable revista poética, Entregas de poesía, en 1945, haber servido de guía y mentor a un principiante Juan Goytisolo y haber firmado -al parecer, para facilitar su aprobación por la censura- una antología de poesía en lengua catalana. Cuántas trayectorias literarias de esos años nos llegan hoy mezcladas con esas servidumbres del vivir de entonces, quizá no más onerosas ni vergonzosas que las que afectan al escritor de hoy. También uno va dejando un sinuoso rastro periodístico y editorial que quizá provocará, en el curioso de mañana, la misma reflexión melancólica. Es la lección moral que se desprende de los libros viejos. Por eso los frecuento: son para mí tan instructivos como la calavera para un cartujo.  

Un conocido, por cierto, me ha dicho que hace unos cuantos domingos encontró un libro mío en este mercadillo, y que piadosamente lo compró... Vamos por el buen camino. (10/1/2016)