domingo, abril 09, 2017

OCURI



Visita en grupo a las ruinas de la ciudad romana de Ocuri, en plena sierra. La imagino como un pequeño pueblo serrano de entonces: donde la guía dice "foro" entiendo "plaza", donde "templos" pongo la imagen familiar de alguna de las ermitas que rodean la cercana Benaocaz. Lo único que no tiene equivalente moderno es, quizá, su condición de recinto cercado, de lo que dan fe los restos de una recia muralla ciclópea. Y no deja de conmovernos la historia de Juan Vegazo, el campesino que compró la finca con la esperanza de hallar en ella una nueva Pompeya, y se construyó a espaldas del foro, junto a un acebuche centenario que todavía sobrevive, una casa levantada con sillares procedentes de la ciudad circundante. Imagina uno la incomprensión de los vecinos, la condescendencia con la que se referirían a la chifladura de ese hombre obsesionado con las piedras antiguas. Todavía hoy, la mayor amenaza que pesa sobre el enclave es esa incomprensión, que lo ha hecho objeto de todo tipo de expolios y actos de vandalismo. Nos lo cuenta la guía, una joven y entusiasta arqueóloga que no puede evitar, al dirigirse a la concurrencia adulta, el tono de reconvención cariñosa que debe de emplear para hablar a los  grupos escolares que visitan el yacimiento. Como para darle la razón, un adulto se ha apoyado imprudentemente en una baranda de madera y ha derribado uno de los troncos que la componían, como hubiera hecho un adolescente patoso. (9/4/2016)

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