lunes, septiembre 18, 2017

COMIENZO DE CURSO


Comienzo de curso. Pese a que ya soy viejo en el oficio, me sigue resultando inevitable cierta sensación de miedo escénico, que en cuestión de horas se convierte en esa especie de soterrada euforia de quien comprueba que algo que inicialmente le causaba algún que otro resquemor se desarrolla sin problemas. Es una curva emocional con la que estoy familiarizado y que nunca me ha resultado paralizante o me ha disuadido de plantearme retos, pero que sí causa desazón por el mero hecho de que se repita una y otra vez en circunstancias parecidas. Luego viene, ya digo, la alegría, la sensación de control, la satisfacción de poseer algo así como los rudimentos de un oficio que al fin y al cabo no se me da mal, y que me evita, entre otras cosas, la necesidad de convertir lo que considero mi otra profesión, la literatura, en un instrumento de supervivencia, con todo lo que eso conlleva. Y es curioso que pocas veces haya traído aquí, a este cuaderno, los pormenores de esta dedicación a la que consagro la mayor parte de mi tiempo; quizá por haber dado por sentado que la relación que rige entre mis dos oficios no es de continuidad o linealidad, sino de complementariedad, en una especie de asumida esquizofrenia por la que el profesor y el escritor mutuamente se excluyen, y el uno no comparece nunca donde oficia el otro, o viceversa. Naturalmente, esto no es siempre así; hay espacios -mi función de bibliotecario escolar, por ejemplo, de un lado, o las ocasiones en las que se me ha requerido, como escritor, para actuaciones que tenían más que ver con la pedagogía pública que con la privacidad que requiere el ejercicio de la creación literaria-  en las que ambas vocaciones parecen convivir en armonía. Me bastan para comprobar que la forzada separación que mantengo entre ambas obedece más a un principio de economía vital que a una clara incompatibilidad. Profesores de instituto, al fin y al cabo, fueron Mallarmé, Antonio Machado o Gerardo Diego, así que no debe ser del todo imposible desempeñar ambos oficios simultáneamente. Digo yo. 

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