martes, septiembre 26, 2017

PARA UNA GALERÍA DE ACTRICES: SOLEDAD MIRANDA


Soledad Miranda en El conde Drácula (1970) de Jesús Franco: no era mala actriz, e incluso podría pensarse que la cualidad "vampírica" que Franco, Portabella -que la dirigió en Cuadecuc Vampir- y otros descubrieron y potenciaron en ella no era tanto un azar de la fotogenia como un estudiado logro dramático. Lo mismo podría decirse de su condición de malsana musa erótica -explotada al máximo en Las vampiras (1971), ya en el límite de lo pornográfico-, aunque cabe especular que esos triunfos de la pura gestualidad acompañada de pocas palabras tenían sus raíces en la ascendencia gitana de la actriz y su cercanía al mundo flamenco y a su repertorio dramático, en el que ocupan lugar no secundario las poses estáticas de pasión o dolor y la expresividad de los desplantes. No otra cosa hace la actriz en brazos del ya experimentado Christopher Lee: poner los ojos en blanco, como arrebatada por un paroxismo musical, y dejarse llevar a esa otra realidad en la que perecen sumirse los flamencos cuando llegan a los límites de sus posibilidades expresivas. Murió en un accidente de tráfico en las inmediaciones de Lisboa, cuando acababa de rodar Las vampiras y, al parecer, estaba a punto de firmar un jugoso contrato con el polémico productor alemán de cine sensacionalista Arthur Brauner. Eran años en los que no asombraba demasiado que una joven estrella ascendente acabara de ese modo, y más cuando se movía en un mundo en el que no estaba muy claro dónde terminaba la pose contracultural y empezaba la mera pérdida de referentes. Hoy todas esas historias dan mucha lástima; y más cuando, como es el caso, de la víctima propiciatoria de turno han quedado imágenes tan sugerentes como las que componen las películas mencionadas. Sin pretenderlo, Soledad Miranda puso rostro de Dolorosa a esas figuraciones de la Europa desnortada. Las películas ínfimas que hizo, parece mentira, dan mucho que pensar. 

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