jueves, octubre 12, 2017

PARA UNA GALERÍA DE ACTRICES: JOSITA HERNÁN



A un actor, a una actriz, tiene uno la impresión de empezar a conocerlos bien cuando los ha visto en varios papeles sucesivos y adquiere esa familiaridad con sus gestos, con el timbre de su voz y su presencia que depara el trato. De Josita Hernán (1914-1999), por ejemplo, tenía yo la referencia, e incluso la certeza de haberla visto en alguna que otra película, pero no he podido decir que la conociera hasta haberla visto en un breve espacio de tiempo en tres de sus mejores películas: La chica del gato (1943), Mi enemigo y yo (1944) y Ángela es así (1945, las tres dirigidas por el muy interesante y hoy olvidado director Ramón Quadreny. 

No era una mujer especialmente bella, aunque tampoco fea; sí graciosa y expresiva, que era algo de lo que parecía especialmente necesitado el cine español de su tiempo, quizá porque la coyuntura nacional-católica prefería ese tipo femenino antes que el de las vampiresas, o quizá simplemente porque el asendereado público de la época demandaba simpatía y escapismo antes que intensidades de otro tipo. Quadreny exploró su lado más indefenso en la conmovedora La chica del gato, ambientada en el Madrid popular y un tanto desagarrado de Arniches; y luego entendió que esa especie de prístina inocencia que traslucía su rostro podía ser una buena máscara para la picardía y el enredo en comedias de salón que formalmente evocaban la atmósfera de las películas americanas de Sturges o McCarey, pero que al español de entonces no podían dejar de recordarle los ambientes en los que se movía la dudosa alta burguesía de entonces, en la que no faltaban los especuladores y los estraperlistas: es el ambiente en el que se desenvuelve la más atrevida de sus comedias, Ángela es así, en la que, tras una trama aparentemente sentimentaloide, en la que una chica sencilla pone una nota de alegría en el corazón encallecido de su tío segundo, entregado a la mala vida y a los amores venales, se transparenta una historia mucho más cínica: la de una muchacha sin recursos que se propone -y lo consigue- enamorar a un viejo rico. 

Tenía ojos protuberantes y expresivos, cara redonda de muñeca y una sonrisa franca en la que se adivinaba siempre un quiebro de timidez o de tristeza. En su ficha biográfica se menciona siempre que fue una mujer con inquietudes: dirigió teatro y escribió poesía, por ejemplo. Lo curioso es que su legado dramático -su gestualidad, su impostada voz entre quebrada y chillona- lo asumieron actrices como Gracita Morales -de quien se puede decir que la imitaba abiertamente- o, de una manera mucho más tosca, Lina Morgan , que incluso protagonizó con éxito en 1970 un remake de un lejanísimo éxito de su antecesora, La tonta del bote (1939).

Me ha gustado familiarizarme con esta especie de Jean Arthur a la española: todo un hito en este sorprendente redescubrimiento del cine español que está propiciando -aunque me temo que con muy escaso impacto- el benemérito programa de televisión Historia de nuestro cine, al que uno debe tantos buenos ratos en los últimos meses.  

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