miércoles, enero 17, 2018

EN EL LIMBO


Estos días en que el frío equivale a transparencia cristalina, como hay otros en que el calor se traduce en cierta turbiedad polvorienta, como de zoco muy paseado por camellos.


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La distribuidora de mi último libro comunica a la editorial la fecha de una presentación del mismo de la que ni yo mismo tenía noticia, y que evidentemente es producto de un error o de un malentendido. Ante mi cada vez más notorio desinterés por estas cuestiones, el fantasma de algún otro yo más entusiasta debe de haber forzado un acto de autopromoción... en el limbo de las vanidades deseosas del aplauso de las moscas. 

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Las mejores horas del día, físicamente hablando: las que median entre el final de la digestión de la última comida y el momento en el que se vuelve a tener ganas de comer. Ese breve intervalo en el que uno ha pagado sus deudas con la fisiología y parece hecho de una materia autosuficiente y apenas una pizca más densa que los propios pensamientos que la ocupan.  (17/1/17) 

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