martes, enero 02, 2018

MÁS HONDO


Al filo del mediodía hemos ido a pasear por el camino entre pinos que llaman de La Chacona, en busca de la cañada que lleva a Medina Sidonia. Hace una mañana magnífica y sólo el viento de levante pone su nota destemplada, que nos recuerda que estamos en enero y no en esa falsa primavera anticipada que ha hecho florecer las matas de romero al borde de la vereda. Apenas quedan en ella algunos charcos de las últimas lluvias, en los que el perro de C. ha hozado gozosamente y metido las patas. Es su modo de celebrar la sobrevenida libertad y la confianza recuperada, después de que los estallidos reiterados de petardos y cohetes con los que los desaprensivos del barrio han celebrado las fiestas lo hayan tenido acoquinado y mohíno durante los últimos días. 

No es que aquí estemos del todo libres de esos ruidos insanos: el estampido de un disparo de escopeta a lo lejos ha devuelto por unos instantes al perro su estampa de animal contrito, traducida en un peculiar modo de agachar la cabeza, encoger las orejas y plegar el rabo en forma de U mientras deshace la distancia que lo separa de nosotros. Tampoco los perros asilvestrados de las fincas colindantes han querido mostrarse comprensivos con el intruso: cuando se acercaba a saludar a dos que estaban atados a un poste, le han ladrado salvajemente, y se habrían lanzado sobre él si la cadena no lo hubiera impedido. Sólo un perrillo de aguas, también muy ladrador pero en absoluto convincente en sus pretensiones de fiereza, se ha dignado a acercarse al nuestro y a enzarzarlo en lo que parecía que iba a ser una pelea y ha quedado en un efusivo saludo entre iguales, del que el visitante, todavía escamado, ha preferido zafarse cuanto antes. Lo mismo nos ha pasado a nosotros respecto a dos hombres que se han asomado a ver qué sucedía: los hemos saludado con cierto resquemor -¿serán ellos los de los disparos?- y ellos nos han devuelto el saludo con idéntica desconfianza. 

De vuelta, me hago el propósito de dejarme llevar algún día por estas veredas y seguir adelante hasta que el cuerpo aguante. Las guías dicen que estas viejas cañadas llegan hasta Bornos o Algeciras. No deseo ir más lejos: si acaso, más hondo. (2/2/2017)  

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