miércoles, enero 24, 2018

SÓLO SÉ

Otra versión (hastiada) del socrático "Sólo sé que no sé nada": Sólo sé que casi todo lo que sé me sobra. 


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Y esta extraña pareja con la que coincido en el café de los desayunos. Esquinado él -literalmente: se ha atrincherado, de cara al resto de la concurrencia, en el extremo del mostrador que linda con la pared del fondo-, respondona y gesticulante ella. Al primero le queda grande la ropa -la cazadora de cuero marrón, los tejanos raídos- y le presta un curioso aire de gallo de pelea el flequillo crespo, teñido de un rubio casi amarillo. Ella viste minifalda vaquera sobre leotardos negros -tiene las piernas bonitas- y calza unas potentes botas Dr. Martens, que casan bien con su predisposición general un tanto agresiva. Que están peleados con el mundo es evidente; como lo es, también, que no se recatan mucho de vocear los motivos de esa actitud defensiva. Desde donde estoy, no obstante, no alcanzo a oír lo que dicen: sólo constato que a él las palabras le salen masculladas, como escupidas, mientras que ella acompaña las suyas con una especie de mirada entre retadora y desdeñosa. Me da por pensar que él es un yonqui viejo, socialmente más o menos rehabilitado, aunque no curado del todo, y que ella es la novia que lo ha acompañado en su infierno particular. Ahora parece que lo que tengan que decirse se lo dirán siempre de esa manera: como escupiéndose las palabras y de cara a un público al que a un mismo tiempo temen y desprecian. Me pregunto si en privado mantendrán la pose. Algo me dice que no: que todavía queda en ellos una cierta predisposición a la ternura mutua. El pensamiento me conforta.


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"Por tu modo de mirar por la ventana, se nota que quisieras más estar ahí que aquí". Sí, pero nada me permite asegurar que, de estar ahí fuera, dueño de mi tiempo y de mis pasos, mi "allá fuera" de entonces no sería otro, acaso más inalcanzable. (24/1/17)

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