martes, febrero 13, 2018

AL PESO


Los virajes del clima son como los del ánimo: ayer, temperaturas de verano; hoy, brusco descenso térmico y amago de temporal. Los confiados que han salido a a la calle en mangas de camisa tiemblan de frío, como suele ocurrirles a quienes ponen su confianza en las promesas halagüeñas de una breve coyuntura favorable. Yo también me he puesto hoy un jersey más fino, pero no he olvidado el chaquetón de cuero, por si las moscas. 


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Un antiguo editor mio que ya ha cerrado el quiosco me llama para ofrecerme los restos de edición del libro que me publicó hace diez años. Se vendieron doscientos ejemplares de una tirada de quinientos; lo que, en la modesta esfera en la que se mueve uno, casi hubiera podido considerarse un éxito: recuperar los gastos de impresión. Pero algo hay que hacer con los ejemplares sobrantes. Le digo que no tengo espacio para almacenarlos, lo que es estrictamente cierto. Llamo a un amigo librero de viejo y le pregunto si quiere hacerse cargo de ellos. Me dice que sí y con esa noticia casi considero que le he conseguido a este fruto descarriado de mi grafomanía un retiro digno. Ya lo hubieran querido para sí otros libros míos. 


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La empleada de correos es antigua alumna mía y sabe de qué pie cojeo. Al pesar el sobre que he ido a franquear, me da un precio que es casi el doble del que me suelen costar otros envíos. Me dice que el peso sobrepasa por unos gramos el admitido en la tarifa ordinaria. "Es que es un libro muy pesado", bromeo. "¿Es tuyo?". Asiento. "Deberías haberle puesto menos páginas". Lo que es un excelente juicio literario... dictado al peso, como los que emiten muchos reputados críticos. (13/3/16)
  

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