miércoles, febrero 07, 2018

DEL MAR


Escribir un diario que no contuviera otra cosa que una impresión diaria del mar: asunto inagotable, desde luego. Otra cosa es que la perspectiva de enfrentarse a un diario así desanimara a muchos posibles lectores. Pero ¿acaso no dicen los expertos en el ramo que los únicos diarios que merecen llamarse así son los que se conciben desde el propósito de que nadie los lea?


***

El de esta mañana: de un azul añil claro, luminoso, un poco falso, como de fotografía lograda con filtros y sobreexposiciones muy calculadas. La línea de horizonte un tanto diluida en el azul del cielo, aunque no tanto que no se distinguieran las tonalidades de uno y otro. En esa zona intermedia, como superpuesto, el perfil opaco de un barco extrañamente sobredimensionado, como si el responsable del cuadro se hubiera equivocado al encajarlo, o como si el barco tuviera un cierto carácter fantasmal y la desproporción fuera el modo de hacer sentir su pertenencia a un orden anómalo. Naturalmente, se trata de un efecto meramente óptico, supongo que resultado del contraste entre el perfil opaco y oscuro de la embarcación y el fondo luminiscente. Piensa uno que el barco del Holandés Errante o la goleta sin tripulación que trajo a Drácula a la ciudad costera de Whitby debieron de ofrecer, en la distancia, un efecto parecido. Eso sí: el que yo contemplo no tiene velamen; lo que contribuye a agravar su aspecto de cosa muerta, a merced de las corrientes. Curiosamente, aparto la vista de la ventana unos instantes, distraído por alguien que me habla, y cuando vuelvo a mirar el barco o pontón o lo que sea ya no está. (7/2/2017)   

No hay comentarios: