martes, marzo 06, 2018

CARNÍVOROS

No, el diario íntimo no es un subgénero narrativo, como creen algunos. Le falta la perspectiva de que los hechos que en él se consignan lleguen alguna vez a articularse como relato, como narración. Pesa sobre ellos la indeterminación misma de la vida: ¿sabemos si la pequeña anécdota de hoy, el cruce con un extraño, unas palabras dichas u oídas al azar, tendrán alguna continuidad en otros hechos por venir, llegarán a ser elementos de una historia? Cabe la posibilidad, desde luego, de que esa trama se haga visible retrospectivamente: por ejemplo, en el momento en el que el autor de un diario lo revisa para darlo a la imprenta. Pero eso es otra cosa: eso es la creación de una novela a partir de la materia prima que proporcionan los diarios. Una novela con características propias, por supuesto, y que plantea problemas específicos: por ejemplo, el tratamiento que hemos de dar, desde una perspectiva de ficción, a los personajes reales que han venido compareciendo en nuestro diario en una fase del mismo en el que el diarista daba por buena la verdad prima facie de sus actos, sin plantearse someterlos a la manipulación mínima a la que obliga la articulación de un relato.

Tengo la impresión de que este "diario abierto" está a punto de depararme una novela de ese tipo. Lo que no sé es si sabré resolver adecuadamente los tremendos problemas de perspectiva que esa novela en ciernes me plantea. No hay prisa. Uno de los motivos por los que me he planteado ese reto es que su posible resultado no será inmediato. Necesito ahora plazos largos. Para qué, no lo sé.

***

Leo en un periódico que, si los gatos fueran más grandes de lo que son, no dudarían en devorar a sus dueños. Lo que, bien mirado, no deja de ser una tontería: si fuéramos del tamaño de un ratón, evidentemente un gato no vería en nosotros otra cosa que una presa fácil. Queda además la cuestión de por qué los gatos, a diferencia de otros animales no mucho más grandes, no tienen el instinto de agruparse en manadas para cazar presas mayores que ellos. Cabe pensar que se ajustan a una calculada ley del mínimo esfuerzo; y que, en ese esquema de supervivencia cómoda, han encontrado en nosotros sus mejores aliados. ¿Para qué querrían comernos, si tienen en nosotros a unos servidores absolutamente devotos? Quede ese trabajoso empeño para los perros, que sí pueden llegar a ser muy peligrosos en estado salvaje, o para las hienas. Ellos son demasiado orgullosos para caer tan bajo.

***

Absurda conversación de sobremesa. "¿Cómo es que comes tanto y no engordas?". "Es que mi actividad cerebral lo quema todo". "¿Insinúas que los demás engordamos porque somos más tontos?" "Quién sabe. A lo mejor es al revés: es más tonto el que se estruja más el cerebro para llegar a las mismas conclusiones que todos". (6/3/18)

No hay comentarios: