miércoles, marzo 14, 2018

UN PESO


Parece que el acomodo definitivo de los restos de edición a los que me refería el otro día no va a ser fácil. Pensaba yo que, después de que les allanase yo el camino y consiguiese que un amigo librero se hiciese cargo del remanente en cuestión, el editor lo llamaría y se pondrían de acuerdo. Pero no hay ya lugar para la sociabilidad literaria en esta historia de liquidación por derribo: en un escueto mensaje por whatsapp, mi antiguo editor me da la dirección a la que el destinatario del fondo ha de enviar al transportista que lo recoja. Añade escuetamente, en una de esas burbujas en las que se van repartiendo esta clase de mensajes: "5 bultos". Eso es todo. Parece como si me los hubieran echado a las espaldas, en castigo por alguna inextricable culpa. Veremos en qué queda la gestión.


***

Llueve y hace frío, pero es ya lluvia de primavera y los fríos sobrevenidos no parecen asustar a nadie. Coinciden con los primeros síntomas de mi ya inveterada astenia primaveral. Pereza, somnolencia, lentitud de reflejos. No me apetece otra cosa que sestear y distraerme con pasatiempos de poca monta; aunque, curiosamente, en la hora de gimnasia con la que me castigo en días alternos me siento más resistente y ágil, como si hubiera concentrado el remanente de mis energías en esos ejercicios mecánicos, que no permiten pensar en otra cosa y, a la vez que tonifican el cuerpo, ponen la mente en suspenso. No desea uno otra cosa: el lento retorcerse sobre sí mismo de un brote que se afianza en su crecimiento, fortalecido por los aires de la estación. (14/3/2017)

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