viernes, abril 06, 2018

LA EDAD DE LA RAZÓN

Se acerca un chico tímido a mi mesa de bibliotecario y me pregunta si tenemos La edad de la razón de Thomas Paine. Hago la comprobación correspondiente y le respondo, un tanto avergonzado, que no, y ni siquiera me tranquiliza comprobar que la traducción al castellano de este ensayo está descatalogada desde hace lustros. Compruebo también si, por casualidad, no habrá alguna edición disponible en formato electrónico: la hay, en efecto, y de domino público, en los fondos de Proyecto Gutenberg, pero sólo en inglés. Como el chico sigue en la biblioteca -se ha sentado a hojear una especie de prontuario de ideas de Montaigne que yo mismo traje no hace mucho-, me acerco a él y le comento mis indagaciones. Se encoge de hombros cuando le digo que el libro está disponible en inglés: no domina ese idioma. Le pregunto por qué quiere leerlo. Hace un gesto vago, como quien intenta librarse con una evasiva de una pregunta impertinente. 

Dedico el resto de mi hora de guardia en la biblioteca escolar a leer el preámbulo del ensayo en cuestión: el filósofo norteamericano se declara creyente en Dios a secas, al modo deísta de los ilustrados, y proclama también su "esperanza de felicidad más allá de esta vida" ("hope por happiness beyond this life"); pero, acto seguido, afirma no asumir el credo de ninguna iglesia o religión revelada. Consciente o inconscientemente, el humanismo europeo del último cuarto de milenio se basa en esta orgullosa reafirmación de la racionalidad humana. Ya sabemos que los resultados no han sido lo que los padres de esta era de la razón auguraban. Pero no parece que de la vuelta al oscurantismo y la sinrazón que ahora algunos preconizan quepa esperar ningún avance, y sí una clara liquidación de lo poco positivo que se haya podido cosechar en esos dos siglos y medio. Que este chico, llevado quizá de la misma curiosidad que lleva a otros adolescentes a leer libros de autoayuda, haya recalado en este clásico del pensamiento ilustrado me causa una rara satisfacción. La biblioteca me ha deparado su anécdota del día. (6/4/2017)

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