viernes, mayo 04, 2018

AERONÁUTICA

Vamos entrando en confianzas con la señora que nos sirve el almuerzo; y que, según nos ha contado ella misma, es también quien lo prepara, por lo que adivinamos una agotadora jornada laboral cuyo último episodio, quizá, sea esta brega con la impaciente clientela. Le digo: "¿Queda sangre? " (me refiero a la sangre encebollada, que es uno de los platos del día que primero se agota, y al que casi nunca alcanzamos los rezagados). "Sí que queda. Y si no -aquí hace el gesto de clavarse un objeto punzante en la yugular- yo misma me saco la mía y te la cocino". Llevo semanas, por otra parte, buscando el modo más razonable de organizar el caótico y contundente menú para que se parezca lo más posible a nuestros almuerzos habituales de plato único. Se me ha ocurrido pedir que nos sirva los cuatro platos a la vez, y colocar en el centro, para compartir, las ensaladas y similares, mientras cada uno de nosotros da cuenta de su plato principal. "No le compliques la vida a la mujer, que tiene mucho trabajo", me ha dicho M. A. Y el asunto casi se ha convertido en motivo de discusión. Pero hoy he visto que así es precisamente como se organizan su comida un grupo de trabajadores en una mesa vecina. M. A. parece más convencida. Le he preguntado a la señora si puede ser. "Sí -ironiza-. Y si quieres, te traigo también el postre al mismo tiempo". Pero la verdad es que el contundente primer plato, cuando se come sin la expectativa de ver aparecer a continuación una ración de acedías fritas o un filete empanado, se trasiega mejor. Para compartir hemos pedido pimientos asados y ensaladilla. Todo es cuestión de fantasía. Y nos hemos levantado de la mesa con las ínfulas de quienes, como los obreros aeronáuticos que nos circundan, después de un almuerzo así son capaces de construirse un Airbús ellos solitos. (4/5/17)

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