martes, mayo 08, 2018

MEJOR EN CASA


Sensación de ciudad tomada. Hay un campeonato de motociclismo y las carreteras y poblaciones cercanas al circuito se han llenado de aficionados que, por razones que se me escapan, no han venido tanto a seguir a sus ídolos desde una tribuna como a emularlos en plena calle y a lomos de una moto. Los hay que, con la máquina inmovilizada, hacen girar la rueda contra el asfalto hasta que el neumático empieza a quemarse. Otros hacen absurdas y peligrosas cabriolas ante un público bobo que los aplaude desde los arcenes. A regañadientes, he venido hasta una de las poblaciones invadidas para cenar en casa de unos amigos. No es el mejor día, desde luego, para circular en coche. De cuando en cuando me rebasa un enjambre de motos. Las normas de tráfico habituales y las señales que limitan la velocidad siguen vigentes, que yo sepa, pero nadie se ocupa de hacerlas respetar. La afluencia, se dice, es buena para el comercio local. Es el mismo razonamiento que ha convertido todas las fiestas populares, sacras o profanas, y cualquier tipo de evento deportivo en ocasiones propicias para la borrachera, la algarada callejera y las demostraciones incívicas. En tiempos de Roma, al menos, estas demostraciones se restringían al espacio acotado de un circo. Las expansiones de ahora no son menos cruentas: el precio de que unos cuantos hosteleros hagan su agosto con el beneplácito de las autoridades es que unos cuantos desgraciados se rompan la crisma en la carretera... Pero mejor, me digo, no hacerse mala sangre al respecto. ¿Que la gente adora estas ocasiones? Adelante. Peor sería que el motivo que las reúne fuera algo que realmente me concerniera. Bien están las cosas como están. Mi error, en todo caso, ha sido no quedarme en casa en una tarde como ésta. Tomo nota para que no vuelva a suceder. (8/5/17)

No hay comentarios: