miércoles, agosto 08, 2018

TRAMPANTOJOS


Rutina de vacaciones: escribir y pintar en días alternos y llenar los huecos con lecturas y películas, dejando un margen discrecional para quedar con quienes quieran venir a vernos o nos convoquen a alguna celebración amistosa, siempre en una atmósfera de intimidad compartida con muy pocos... Quizá alguna mañana hagamos el esfuerzo de desplazarnos hasta la piscina municipal -ahora estamos en la sierra-, como a lo largo del mes previo nos habíamos impuesto el hábito de ir casi diariamente a la playa. Perseverar en ello hasta que, de la mera repetición de los días iguales -que nunca lo son- nazca una especie de aguzada conciencia de la excepción, víspera de ese logro de la mirada atenta que es el descubrimiento de un segundo patrón más o menos invisible hasta entonces, que incluye la certeza de que hay momentos o días en que los actos rutinarios adquieren una redoblada intensidad y deparan frutos insospechados. La vida de un escritor o de un artista -si es que uno pudiera permitirse ese lujo- podría muy bien no consistir en otra cosa que en propiciar esos momentos. Es lo que algunos llaman inspiración.

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Horas o partes del día extremadamente largas en semanas o meses que se pasan volando; o de cómo la conciencia del tiempo consiste en una especie de trampantojo permanente, que dicta que no podamos apreciar el movimiento de las manecillas del reloj y, en cambio, baste apartar los ojos de ellas para, cuando volvemos a mirarlas, hayan completado un ciclo completo sin que nos hayamos dado cuenta.

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Viven algunos como en esas manadas de bóvidos que han llegado a la orilla de un río plagado de cocodrilos y deben empujarse unos a otros para que, mientras los primeros en caer son devorados, los otros pasen por encima sin dejar de mugir, y así hasta el próximo...

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