viernes, septiembre 14, 2018

ARGUMENTOS

¿Tiene la vida argumento? Repaso entradas anteriores de este diario y la única continuidad que les veo es la presencia en todas ellas de un mismo sujeto que se expresa desde una muy previsible gama de estados emocionales. Ve cosas, le pasan cosas, se entera de cosas; pero pocas de ellas llegan a evolucionar lo suficiente como para constituirse en la trama de un relato que cuente con un desarrollo y un desenlace... Quizá un diarista no pueda ser otra cosa: no tanto el protagonista de un relato, como la matriz en la que confluyen decenas de relatos ajenos de los que sólo le cabe percibir un momento muy concreto de su desarrollo, sin que normalmente le sea dado ir más allá.

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Todas las noches se pelean, aunque habría que matizar si esas peleas lo son de verdad o son sólo un estado particular de convivencia al que han llegado. No se insultan, no parece haber riesgo de que se agredan. Lo que se oye -en el silencio de la noche, la bronca es perfectamente audible en toda una manzana- es una ininterrumpida sarta de reproches por parte de ella, normalmente referidos a las ausencias de él, a quien sus trapicheos ocupan a veces más tiempo del que ella cree necesario, o a presuntos celos; mientras que él se limita, con voz desgarrada, a negar las acusaciones. Oyéndolos es imposible conciliar el sueño y hay vecinos, por tanto, que protestan, que golpean paredes aledañas o dejan caer sus persianas de un golpe seco, para expresar su enfado. No se entiende muy bien que esa discusión interminable pueda extenderse horas y horas y una noche tras otra. A veces advertimos en ella la deriva errática de los discursos de los borrachos o los drogados, y seguramente hay algo de eso en el asunto... También ésta es, en cualquier caso, una historia que no avanza, que no registra novedades, a la que no se le adivina un final. O sí, quién sabe.

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Todavía no he puesto nada en este cuaderno de los acontecimientos políticos que han traído de cabeza al país en las últimas semanas. Si alguien lee estas líneas dentro de unos meses, o años, pensará con razón si es que yo no me enteraba de nada de lo que estaba pasando. Y le diría que sí, que me enteraba; pero que una cosa es percibir un rumor de fondo y otra muy distinta considerarlo parte de ese relato sin argumento que uno intenta articular aquí. (13/9/17)

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