viernes, septiembre 21, 2018

BARCELONA SUR

Me he aficionado a ver el programa Historia de nuestro cine, que emite el segundo canal de TVE, como en otro tiempo desarrollé casi una dependencia adictiva del programa análogo, aunque enfocado al cine internacional, que presentaba José Luis Garci. Éste fue muy atacado por el hecho de reunir una animosa tertulia de comentaristas que hablaban con notable desparpajo y patente conocimiento de causa de lo que entusiasmaba a todos: la grandeza del cine, la sutileza de sus logros incluso en películas modestas que en su día no tuvieron otra intención que distraer al público. Siempre me llamó la atención el grado de hostilidad que despertaba en algunos el entusiasmo y los conocimientos que desplegaban -podía haber alguna excepción- los integrantes de aquella tertulia cinéfila, y los aspavientos con que era recibida mi humilde confesión de que la seguía lunes tras lunes... Hoy la hostilidad hacia todo lo minoritario se expresa con modos más sutiles: el susodicho programa de La2 simplemente no lo ve nadie, ni nadie lo comenta, ni ningún periodista del ramo se molesta en escribir un simple artículo de apoyo y reconocimiento, aunque sí hay quien permanece atento a cualquier vulneración de la corrección política en la que puedan incurrir sus colaboradores, siempre sospechosos de ensalzar un cine que, en la mayor parte de su recorrido, se hizo durante la dictadura de Franco... 

En fin, en ésas estamos. La última joyita cuyo conocimiento les debo es Barcelona Sur (1981) de Jordi Cadena, un desaforado thriller ambientado en la Barcelona preolímpica, que se nos presenta como un anticipo avant la lettre de los escenarios urbanos de diseño que triunfarían en la llamada "comedia madrileña", entonces en ciernes; sólo que esta Barcelona plagada de bares con luces de neón, drugstores que servían de refugio a la dudosa fauna de la noche y discotecas en las que atronaba la música tecno y se proyectaban los ingenuos vídeos musicales de entonces tenía también un desolador trasfondo de miseria, delincuencia y soterrada violencia, que la película no se molesta en ocultar. De ahí su condición, no sólo de rareza cinematográfica que merece la pena conocer, sino también de insustituible documento de cómo era este país antes de que se dejara encandilar -y domesticar- por los señuelos del consumismo, la banalización de la cultura y la idea de que el único logro del que puede presumir un país son sus balances macroeconómicos. ¿Quién la vio? Y es curioso que, mientras arrecia la llamada "crisis catalana", que a fecha de hay parece haber tomado ya definitivamente los derroteros de la discordia civil, este humilde programa ha proporcionado, a quien haya tenido la curiosidad de verlo, pruebas sobradas de que buena parte del mejor cine que se ha hecho nunca en España se filmaba en Barcelona. (20/9/17)

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