martes, septiembre 18, 2018

SABER ESPERAR


Sol a plomo y viento desabrido a partes iguales: otoño en ciernes. Lo acusa el cuerpo con una especie de malestar generalizado que parece anunciar un catarro que no acaba de romper. Me animo pensando, sin embargo, que mi ánimo se acompasa mejor a las estaciones intermedias que a las extremas; que hay otro lado del otoño que consiste simplemente en el espectáculo del progresivo acortamiento de los días, de los castaños amarillecidos, de la luz de las tardes virada a una tonalidad violeta que parece invitar a los placeres recatados, a la alegría convivial, a la percepción del gozo del cuerpo como una sutil variante de los gozos del espíritu. Definitivamente soy un espíritu otoñal. Pero este viento, este amago de catarro... Quizá sea el modo que el otoño tiene de decir que no se aviene con todos, y que quien quiera algo de él tiene que saber esperar. (17/9/2017)

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